gustavo duncan

Coaliciones

A medida que se acerca la elección al Congreso y la primera vuelta de las presidenciales, se hace evidente la necesidad de coaliciones para que las candidaturas y los proyectos políticos de las distintas personalidades puedan ser viables. En principio, es cuestión de pura aritmética: si hay muchos candidatos los votos se dispersan y se corre el riesgo de quemarse. Para algunos es la oportunidad de no dejarse contar en vista que sus candidaturas definitivamente no despegaron.

También está la necesidad de aglutinar fuerzas en el Congreso para mostrar el poder de negociación que se dispone frente a las candidaturas presidenciales y al futuro ganador. La capacidad de negociación de un bloque es evidentemente superior a la de congresistas y políticos de manera individual, con votos dispersos y sin mayor relevancia en la disputa para la primera y segunda vuelta presidencial.

De allí que prácticamente todos los candidatos, salvo Vargas Lleras y Pinzón, hayan o estén hablando de sumar fuerzas. Sin embargo, detrás de la lógica de las coaliciones no existe solo un cálculo aritmético para maximizar votaciones. Existe, del mismo modo, un debate ideológico y programático acerca de cómo debe ser gobernado el país, el cual obviamente tiene en consideración si las propuestas en discusión gozan del respaldo de los potenciales votantes.

Lo interesante es que las discusiones entre los candidatos y fuerzas políticas en torno a la conformación de las coaliciones reflejan muy bien la naturaleza de la polarización del país. Lo normal es que las coaliciones buscaran aglutinar la mayor cantidad de votantes dentro de un espectro ideológico que vaya de una posición de derecha o de izquierda hacia el centro. Pero cómo en Colombia el país está dividido en más de dos, las coaliciones son más complejas. Eventualmente pueden acabar en coaliciones de derecha, de izquierda y de centro.

En todos los casos se hace evidente el dilema entre unirse alrededor de una alianza selectiva que recoja solo los extremos o unirse alrededor de quienes están comprometidos con ideas más moderadas con la posibilidad de contemplar también a los extremos. No es fácil la segunda opción porque hoy en día los extremos aglutinan muchos votantes.

En la derecha, por ejemplo, Uribe ha apostado por un candidato de centro como Iván Duque que es capaz de llegar a sectores de centro y que no tiene el lastre de los vicios políticos que encarnaba una figura como Zuluaga. Lo irónico es que Duque ha tenido grandes problemas dentro del uribismo y el resto de la derecha porque se ha declarado a favor de temas propios de una agenda liberal como el matrimonio igualitario y la libertad religiosa. Para Nieto en su propio partido y para Ordóñez en una eventual coalición de derecha no son temas menores. Sus principales críticos vienen de adentro, no de afuera.

Al revés le pasa a Fajardo, quien tiene que poner límites a las solicitudes de coalición porque Petro o Clara López, aun suponiendo que se subordinaran a su liderazgo como candidato presidencial, desdibujarían su propuesta política. Hay demasiada distancia ideológica con ellos y representan un pedazo tan grande del electorado que habría que replantear prácticamente su programa de gobierno.

De fondo, sucede que en las próximas elecciones el país debe escoger entre continuar un debate radicalizado entre dos extremos o empezar un camino de concertación.

Sigue en Twitter @gusduncan

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo




Powered by