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Madera brava

Marzo 19, 2017 - 07:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

En un país que decora calles y vitrinas con adornos navideños desde septiembre, no es del todo descabellado sentir que la campaña presidencial ya comenzó. Justo cuando el general Óscar Naranjo llega a la vicepresidencia.

En tiempos en que la guerra está proscrita, la guerrilla desapareció y las bandas criminales están controladas por la Fuerza Pública (entran risas), le corresponderá al general un rol protagónico en la consolidación de la seguridad urbana y, para completar el kit, en la implementación de los acuerdos de paz.

En su momento, Vargas Lleras hizo cuentas políticas y eligió ser vicepresidente/gestor de viviendas, acueductos y autopistas, con pleno control de varios ministerios. No iba a pasarse los días rebotando como llanta de repuesto en la vicepresidencia. Naranjo, tampoco.

Experto como es en inteligencia, ya le había hecho el quite a eso de ser ministro consejero para el posconflicto, temeroso de convertirse en un fino florero palaciego. Ahora, vía las aspiraciones presidenciales de Vargas Lleras, será el vicepresidente de un Santos que, dicen, ya había pensado en él hace años. Por lo menos antes de jugar el póker de la alta manzanilla y concluir, como en la serie de televisión, que el man (de los votos) era Germán y no Óscar.

El nuevo vicepresidente debe afinar paso, pues la lucha por la consolidación de la seguridad ciudadana la están librando los alcaldes junto a sus directores de Policía y al ritmo de sus propios intereses de campaña. Alcalde que no haga política en Colombia, ¡no es alcalde!

Naranjo necesitará dientes para su tarea, así que en cualquier momento nos sorprenderá Palacio con un decreto que le afile los colmillos. En lo de la seguridad, será una especie de megadirector de la Policía y necesitará, además, voz y voto en la elección del nuevo ministro de Defensa. Varios generales y coroneles pueden ir doblando uniformes y limpiando escritorios.

Aunque a veces posa de canciller, Naranjo no tiene la más mínima intención de ser una especie de embajador de buena voluntad de la seguridad. Le darán dientes y morderá. Y también los estrenará pelándoselos a Rafael Pardo, pues no parece muy coherente que dos altos funcionarios, ministro y vicepresidente, se muevan acompasadamente en la escena de la implementación.

Mientras, la imagen de Santos seguirá desgastándose, pero Naranjo sabrá capitalizar los resultados en seguridad para mantener su reputación intacta cuando Santos se vaya.

Florecerán los anónimos y las calumnias que sus contradictores reeditan cada vez que asoma la cabeza. Pero ahora, como vicepresidente con apetitos políticos futuros, contestará agresiones con la contundencia que le da saber todo (y todo es todo) sobre quienes, desde la institución o el retiro, le hacen la guerra sucia.

Otro tanto pueden esperar los uribistas, que confían en pasarle cuenta de cobro por navegar oficialmente en el santismo traidor. Ya amarrado a la vicepresidencia, Naranjo se convertirá en tentador blanco para los devotos del expresidente Uribe, pero el blanco no se va a quedar quieto.

La madera del Naranjo, lo saben los carpinteros expertos, es resistente. Y, además de usarse en la fabricación de muebles, sirve para hacer finos garrotes.

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Ultimátum. Odebrecht generó espacios de identificación entre Santos, Uribe y Samper. ¡Quién iba a pensar que la corrupción terminaría jugando un papel positivo en la consolidación de la unidad y la convivencia!

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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