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Nihilismo

Marzo 05, 2017 - 07:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Larga es la lista de la desconfianza nacional. Los colombianos no creen en los políticos, no creen en los empresarios, no creen en los militares, no creen en los medios, no creen en la Iglesia, no creen en los funcionarios. No creen en nada. La incredulidad es la nueva fe. Dudar es lo único seguro. Desconfiar es hoy una certeza.

Casilla de honor en el listado, la ocupan las encuestas, que ahora no son tan misteriosas en su contenido como en las épocas en que Álvaro Gómez las graduaba de morcillas en los micrófonos de Juan Gossaín: “Las encuestas son como las rellenas o morcillas, inventadas en Boyacá, y producidas con la sangre de los cerdos: son muy ricas, pero es mejor no saber cómo las hacen”.

Sabemos más sobre cómo se hacen y nos explican sus realizadores, con detalle y argumentos, el porqué de sus errores al intentar reflejar la realidad. Recuérdese que un encuestador es, apartándose del escepticismo generalizado, alguien que cree. Que cree saber en qué creen los demás.

La encuesta de Invamer Gallup que se reveló en los últimos días tiene un especial encanto: herramienta del descrédito a la que hay que dar crédito para comprobar que se disparó el recelo de los colombianos. Uno puede no creer en las encuestas, pero la condición humana nos tienta a creer en quien nos invite a no creer.

Los estadígrafos arrojan resultados sobre los que vale la pena una mínima reflexión planteada a manera de inquietudes. Si el país recorre tan exitosamente la senda de la paz, ¿por qué el 73% de los colombianos asegura que el país va por mal camino? Si el Presidente ha tomado las decisiones correctas para resolver un conflicto de más de cinco décadas, ¿por qué el 71% no aprueba sus decisiones? Si las Farc están sintonizadas con la construcción de un nuevo país, ¿por qué el 62% se plantea seriamente que la guerrilla no va a cumplir lo que firmó?

Miramos hacia el nuevo país desde patéticas realidades porcentuales: rajados en seguridad (85% ), rajados el lucha contra la corrupción (85%), rajados en costo de vida (91%), rajados en manejo económico (82%), rajados en protección del medio ambiente (75%) y rajados en lucha contra la pobreza (69%). Como en el colegio: vamos bien en educación física, artes y recreo.

Y los ‘mesías’ pasando agua: del poderoso dueño de las herramientas del establecimiento, Germán Vargas Lleras, el 44 % de los consultados tiene mala imagen, mientras que Gustavo Petro, el redentor del populismo, está en las mismas: 43% tiene de él una imagen desfavorable. Milagro: calladito, Sergio Fajardo mantiene en discreto 7% su nivel de desfavorabilidad, seguramente por aquello de que sin meterse a la piscina es imposible mojarse.

De la Calle es el primero en imagen positiva, por liderar un proceso en el que, ya se dijo en esta columna, hay desconfianza manifiesta. El 66% no puede ver ni en pintura a Piedad Córdoba y solo el 11% tiene imagen favorable de Iván Duque, la más joven de las esperanzas uribistas. Óscar Iván Zuluaga va alcanzando a Piedad en mala imagen, por aquello de que los polos opuestos se atraen, excepto en el Polo, donde Clara López le saca más de veinte puntos de favorabilidad a Jorge Enrique Robledo.

Menos mal que el ministro de Hacienda insiste en que no quiere aspirar a la presidencia: en favorabilidad está de tú a tú con Maduro.

***

Ultimátum. Capítulo final de nuestro escaso fervor: Gabriela Rico (8 años) le escribe al presidente porque, a pesar de toneladas de páginas y entradas en Internet sobre las maravillas que el gobierno ha logrado en este país, ¡ella no encontró ni una sola promesa cumplida!

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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