gustavo gómez córdoba

Palabrejas

Influenciador. El concepto escasamente roza el Diccionario de la Lengua Española. Influir tiene abierta connotación positiva, sea que se hable de una fuerza moral o de una manifestación divina. A este esperpento propio del mundillo de redes se le acerca solo una de sus acepciones: contribuir al éxito de un negocio. Los influenciadores de redes no detentan fuerzas morales de genuina transformación. Carecen de ellas porque cobran, y si cobran son mercaderes.

Cabecillo. El afán de complacer a todo el mundo con el lenguaje inclusivo nos conduce a tétricos parajes. Informaba un colega de radio la captura del ‘cabecillo’ de una banda. Intuyo su razonamiento: si es hombre, no puede ser cabecilla, porque la terminación de la palabra sugiere el género femenino. En español hay vocablos que gozan de ambos géneros, así que el cabecilla, si es mujer, será la cabecilla. De la misma manera en que se habla del testigo y de la testigo. Quienes insisten en no usar la ‘cabecilla’ antes de hablar, pueden terminar refiriéndose a la ‘miembra’ de un club.

Orgánico. De los manteles, la palabra pasó a la lengua de los jóvenes artistas. La cacareada música orgánica ha de ser natural, distante de lo artificial; así como los vegetales orgánicos, que se cultivan lejos de pesticidas. Algunos músicos suelen hablar, como en el viejo chiste, con una “papa en la boca” cuando se refieren en las entrevistas a su música orgánica. Papa que sin duda es orgánica.

Irregularidad. La corrupción siempre se acompaña de irregularidades, de conductas contrarias a las reglas y a la ley. Sí, porque el corrupto viola el ordenamiento jurídico. No, porque en Colombia la corrupción poco tiene de irregularidad: es una mortificante regularidad.

Presunto. La presunción, que aquí poco se emplea en el sentido de petulancia, es una medrosa manera de referirse a los delincuentes. El ‘presunto narcotraficante’ es un criminal al que solo le falta la decisión de un juez. El exceso de pudor nos ha llevado a exhibir perlas como esta: “la comisión del presunto delito de homicidio”. La comisión es la que puede gozar de presunción. El delito, no: está plenamente descrito en la ley, por lo que nunca es presunto.

***

Sobre Israel.
Aniversario 70 de la independencia de Israel. No hay odio ni ambición de dominio que pueda borrar el derecho de Israel a existir (inclúyase en la lista a griegos, romanos, babilonios, asirios, filisteos, egipcios y seleúcidas; así como buena parte de la cristiandad europea y del islamismo fundamentalista).

Israel, siempre objeto de desmesuradas críticas, es lo que más se asemeja en Oriente Medio a lo que quisiéramos ser. Se trata de una democracia plural, con un sistema judicial cuya efectividad sienten incluso los gobernantes cuando se tuercen. Hay allí respeto a los derechos sociales y de género, prensa libre, economía anclada en la ciencia y la tecnología, devoción por el medio ambiente y, de punta a punta, Israel es cuna de ideas que benefician al planeta.

Un Estado cuya integridad no puede ser desconocida y que ha demostrado que defenderá a su gente en cualquier escenario. Pueblo que merece disfrutar de tranquilidad en un vecindario empeñado en hacerlo desaparecer.

Digo sí al Estado judío y sí, también, a un Estado palestino-árabe que ha debido celebrar el mismo aniversario. Lamentable que aversiones y malquerencias, hoy manipuladas por el terrorismo, no permitan esa armoniosa convivencia. Tal vez algún día. Por lo pronto, Israel no es un ‘tal vez’. Israel, es. Eretz Israel.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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