jorge ramos

De Moctezuma a Peña Nieto

Hay lecciones que nunca se aprenden, aunque pasen casi 500 años. Bien le hubiera servido al presidente de México, Enrique Peña Nieto, haber leído la historia de Moctezuma II antes de invitar a Donald Trump a su casa. Ahora ya es demasiado tarde.

Mientras releía el extraordinario libro ‘La visión de los vencidos’, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, me pasó algo curioso. Cada vez que leía el nombre de Moctezuma, pensaba que Peña Nieto hubiera hecho lo mismo. Y cada vez que leía ‘Hernán Cortés’, me acordaba de Trump.

Cuando Moctezuma se enteró de que los españoles habían arribado a las costas de Veracruz en 1519, trató de asustarlos y les “envió todos cuantos pudo, los presagiadores, los magos [y] también envió guerreros, valientes, gente de mando”, según sus informantes le contaron al misionero franciscano Bernardino de Sahagún.

Eso no asustó a los españoles, que ya tenían la intención de llegar hasta la gran Tenochtitlan. Moctezuma, entonces, les envió regalos: “Banderas de oro, banderas de pluma de quetzal y collares de oro”. Pero en lugar de regresar a sus navíos, según narra el libro, los españoles “estaban deleitándose, levantaban el oro… como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón”.

Moctezuma, que todavía creía que los españoles eran dioses, se equivocó; reavivó su curiosidad y deseo. Moctezuma, finalmente, se reunió por primera vez con Cortés un 8 de noviembre de 1519. En ese encuentro, con traducción de la Malinche, Moctezuma le dijo a Cortés: “Señor nuestro… Has arribado a tu ciudad: México. Aquí has venido a sentarte en tu trono”. El conquistador español solo le respondió: “Tenga confianza Moctezuma, que nada tema. Nosotros mucho lo amamos”.

Aquí el corazón me brincó. ¿Acaso Trump, quien ha insultado en innumerables ocasiones a los inmigrantes mexicanos, no ha dicho también que ama a México y a los mexicanos? Cortés y Trump usaron la misma estrategia con los líderes de México; los llenan de halagos y luego los atrapan.

Moctezuma, demostrando poca inteligencia y dominio, se llevó a Cortés y a su comitiva a su casa, la Casa Real. El tlatoani había metido al enemigo en su propio hogar. Una vez ahí, los españoles tomaron control de la situación, pusieron a Moctezuma bajo vigilancia, se apoderaron de sus riquezas y, disparando un cañón, asustaron a la población.

Este incidente me recuerda tanto cuando Peña Nieto invitó a Trump a la casa presidencial de Los Pinos en agosto del 2016. Ya dentro, Trump tomó absoluto control de la conferencia de prensa y escogió a los periodistas que iban a hacer las preguntas. El presidente Peña Nieto, sorprendido y asustado, no se atrevió a decirle en público que México no pagaría por el muro. Se convirtió en cautivo de su invitado.

Los habitantes de Tenochtitlan, mucho más listos y perceptivos que su líder, se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y se le rebelaron a Moctezuma y a sus captores. Cortés, quien regresaba de un viaje, sacó a Moctezuma a un lugar alto para que le hablara y apaciguara a su pueblo. Pero ahí “le trataron mal, llamándole cobarde y enemigo de su patria”. Moctezuma, aparentemente, murió por una piedra. “Dicen que uno de los indios le tiró una pedrada de la cuál murió”, escribió Fernando de Alva Ixtlilxochitl, un historiador de la Nueva España que tuvo abuelos indígenas y españoles.

En esta época la gente ya no expresa su descontento con sus líderes a pedradas, sino que los destroza en Twitter, Facebook y en las encuestas.
Perdónenme las licencias históricas que me estoy tomando. Entiendo que estamos hablando de dos periodos totalmente distintos. Pero son muy similares las actitudes serviles y débiles de Moctezuma y Peña Nieto ante una amenaza externa.

Lo menos que esperaban los mexicanos de sus líderes, en los siglos XVI y XXI, era un poco de dignidad ante las ofensas y amenazas del exterior. Toda resistencia siempre comienzan con una posición digna y con un rotundo ‘NO’. Pero Moctezuma y Peña Nieto nunca lo entendieron.

Claro que no podemos obligar a Peña Nieto a que lea algunos libros de historia de México. Pero ojalá alguien se los leyera y luego le pasara un breve resumen para no repetir los mismos errores cinco siglos después. Así él se hubiera ahorrado las críticas y los tuitazos… y México la vergüenza.

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