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Bernardino Labrada

Marzo 15, 2017 - 11:30 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

La menor de mis nietas, María Antonia, nació con vocación de pintora pues desde que pudo coger con su manita el lápiz encontró en él su mejor distracción y era de verla pasando horas y horas dibujando, sin importarle la televisión ni los juegos infantiles. Observando padres y abuelos esa inclinación –y esto dicho sin el deslumbramiento que causa en los abuelos cualquier gracia de los nietos– resolvimos que aparte de sus compromisos escolares en el Gimnasio La Colina –excelente, por cierto– era conveniente matricularla en una academia de arte.

Alguien nos habló de la Academia Labrada y allí está la chica recibiendo clase de pintura todos los sábados en las mañanas y ella es feliz acudiendo a esa cita semanal. Como asisto a las exposiciones que hacen los alumnos que allí estudian, me dio por investigar sobre esa academia, que cuenta con docentes de alta calidad, lo que se nota en el progreso que muestra María Antonia.

¿De dónde surge el nombre de la academia? Pues de Bernardino Labrada, un caleño nacido en el tradicional barrio de San Antonio en 1934, pero que sigue tan campante como el personaje del whisky escocés. De ese precioso sector caleño emerge el don artístico de este hombre de aspecto bonachón, que ha llevado a los lienzos óleos y acuarelas de altísima calidad.

A veces pienso que el arte –y especialmente la pintura– tiene que ser algo extraordinario desde que puede resistir la competencia de la fotografía, que reproduce las cosas en sus mínimos detalles. En estos días fui a los documentales que presentó Cine Colombia en dos de sus teatros en Cali sobre varios de los grandes pintores de la historia. Así pude ver a Goya, a Matisse, a Manet, a Monet, a Renoir, y por último a Vermeer, tal como si estuviera en los museos que albergan a estos excelsos maestros. Quedé fascinado con todos, pero me cautivó más lo que vi del holandés Vermeer, del que solamente se conservan 36 cuadros en diversas pinacotecas del mundo. Es increíble ver los detalles, las cuentas de los collares en los retratos, la perla en la oreja de la célebre muchacha. En fin, una sinfonía de colores, luces y sombras, que hacen pensar que esos maestros estaban tocados por la mano de Dios.

La Universidad del Valle publicó a través de su Facultad de Humanidades, Departamento de Filosofía, División de Bibliotecas, en la revista ‘¿Qué está mirando?’, edición No. 7 de Julio – Diciembre 2016, un completo estudio sobre la vida y obra de Bernardino Labrada e incluye reproducciones de sus obras, tales como ‘Caricia otoñal’, ‘Mirada enigmática’ y ‘Serenata al reposo’, que a mi juicio lo ponen al nivel de los grandes cultores de la pintura en Colombia. Allí el maestro Labrada cuenta su vida: sale bachiller de Santa Librada, ingresa luego a la Escuela de Bellas Artes, y cuelga su primera exposición en ‘La Tertulia’ en 1967.

Reconoce el apoyo que recibieron los artistas plásticos criollos con la presencia en el país de Marta Traba, la experta argentina que abrió las corrientes de las nuevas tendencias universales para que los colombianos entendiéramos que aquí había artistas de elevada categoría que ocuparían puestos notorios en el mundo del arte contemporáneo. Labrada es uno de ellos.

Felicitaciones al maestro Labrada por su aporte a la pintura nacional. Y agradecerles a él y a sus hijas, Maricel y María del Pilar, lo que están haciendo por mi nieta en su excelente escuela de arte.

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