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Concordia

Junio 18, 2017 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

Hace poco más de un siglo el presidente de Colombia era Carlos E. Restrepo, un patricio antioqueño de talante componedor, mucho más en la línea de Belisario Betancur que en la de Álvaro Uribe. El momento histórico que le tocó vivir al presidente Restrepo no fue nada fácil. Unos años antes había terminado la Guerra de los Mil Días. A los destrozos causados por la última gran guerra civil partidista se agregó el doloroso golpe de la separación de Panamá. Y acto seguido inició el General Rafael Reyes su quinquenio autoritario.

Tras la caída de Reyes, las dos grandes colectividades de la época, el conservatismo y el liberalismo, resolvieron confiar en el pequeño partido republicano que había fundado poco antes Carlos E. Restrepo. Por una decisión mayoritaria el presidente escogido fue Restrepo, el amigo de la concordia. Su período presidencial se caracterizó por una búsqueda constante de acuerdos entre los contendientes que una década atrás se estaban aniquilando en el campo de batalla.

Esa etapa de nuestra historia demostró que es posible sosegar los ánimos y adelantar luchas políticas civilizadas. La falta de concordia en casi todos los órdenes de nuestra vida es el mal que afecta a la Colombia del siglo XXI. Tómese, por ejemplo, el Proceso de Paz con las Farc. Un propósito loable que comenzó mal desde el momento en que el Presidente Santos politizó en su favor la búsqueda de la paz. De inmediato las fuerzas de oposición creyeron que no estaban en presencia de un tema de Estado sino en frente de actos políticos en contra de ellas.

Aún es posible enderezar el camino hacia un entendimiento civilizado. El Gobierno tiene que aceptar que lo acordado con las Farc no se encuentra “grabado en mármol”. El poder Legislativo y el poder Judicial tienen obligaciones constitucionales por cumplir, como son el debate parlamentario y el análisis jurídico de las altas cortes. Y la oposición, ante la contundencia de los hechos cumplidos, debe entender que el Proceso de Paz con las Farc es irreversible, aunque ella no renuncie a la crítica constructiva.

La falta de concordia se nota por todas partes. Es difícil comprender porque se han producido en Colombia tantos paros, marchas y protestas. Las precarias situaciones sociales del Chocó y de Buenaventura son conocidas de lustros atrás y el poder central se había acostumbrado a dilatar las soluciones. Desde febrero de este año los sindicatos de maestros y el Gobierno Nacional venían discutiendo nuevas condiciones de trabajo. ¿Cómo es posible que los unos y los otros llegaran a posiciones tan enfrentadas que llevaron a más de 8 millones de niños a no poder asistir a las escuelas?

Nuestra vida urbana se estremece con la constante violencia entre los seguidores de los equipos de fútbol. Es inconcebible que los padres, los docentes, la Policía y hasta los propios clubes profesionales no hayan logrado aclimatar el entendimiento entre los partidarios de los distintos equipos. La enseñanza en valores debe recaer, obviamente, en los maestros y profesores. ¿Se dieron cuenta de esto los líderes del sector cuando decretaron el largo paro de educadores?

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Bien por la gobernadora del Valle, cuya presencia fue constante en las reuniones celebradas entre el poder central y las autoridades locales de Buenaventura. Sabemos que todo lo que suceda en el puerto se refleja de inmediato en nuestra región.

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