jotamario arbeláez

La muerte de Marilyn

Si he amado a una mujer por sobre todas las cosas y sobre todas las otras ha sido por 56 años a Norma Jean Baker, conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe. No me perdí ninguna de sus películas, y cada vez que desde la pantalla panorámica me clavaba la mirada yo le clavaba la mía. Tuve noticia de su muerte cuando hacía el amor loco con mi primera conquista, y fue como si el arquetipo de la mujer se hubiera esfumado. El 5 de agosto del año siguiente, del 63, en el suplemento del diario El Expreso, que dirigía, publiqué unos poemas a ella consagrados, entre ellos la famosa Oración por Marilyn Monroe, del poeta sacerdote Ernesto Cardenal. Para presentarlos, escribí la nota periodística Los inadaptados no te olvidamos, Marilyn, que con el correr del tiempo resultó mi poema más celebrado. Así me siguió pasando con algunas de mis notas de prensa.

Fue tal la mitomanía que me generó esta pasión platónica que llegué a contarles a mis hijos de teta que ella había sido mi amante, referenciándoles un montaje juguetón que me fabricó Juan Domingo. Pero ni los chiquillos se dejan ya engatusar por las fábulas y quedé ante ellos en su jardín como un verdadero farsante. Me propuse como una última prueba de amor escribir sobre lo que hipotéticamente hubiera pasado de no haber muerto ‘La Diosa’. Me pareció imposible hacer llegar mi imaginación a ese punto, entre otras cosas porque si no hubiera muerto habría desaparecido, como lo hizo hace ya tanto tiempo Brigitte Bardot, el otro símbolo sexual de la época que encalleció nuestras palmas.

Pero no podía fallar en mi proyecto elegíaco. Así que me acordé de mis amigos los socios del Club de Arriba, los que me pusieron en contacto a través de la Ouija con los espíritus selectos que hoy conducen mis actos. Ellos me habían referido que cuando estaban en la cárcel Modelo se habían iniciado en comunicaciones espíritas con desaparecidos disímiles, que algo interesante podrían contarles, como eran Gaitán, me juraron, Mahatma Gandhi, Nerón y Marilyn Monroe. Pero no pudieron seguir con el juego porque los Maestros perfectos les prohibieron esas invocaciones, pues bien podrían ser interferidos por el demonio y hasta allí llegaría nuestra cruzada. Podría ser el momento de volver a invocarla, de acuerdo con las instrucciones recibidas en un proceso que ya lleva muy largos años.

Descontada pues la tan temida como desaconsejada Ouija, opté por comunicarme con la Academia Allan Kardec de Chapinero en solicitud de una médium parlante. Me enviaron una rubia postiza de fina estampa a quien luego de poner en antecedentes conduje a un lugar neutral, un reservado con jacuzzi en el mismo barrio, donde pudiéramos concentrarnos sin que nada nos perturbara.

Abrevio los rituales de invocación pues no vienen al caso y además no estoy autorizado para revelarlos. Encendimos inciensos y nos sumergimos en las cálidas aguas, nos concentramos, hicimos lo que teníamos qué hacer y a los pocos minutos estábamos escuchando la voz de la inquilina del Westwood Memorial Park de Los Ángeles, Corredor de los Recuerdos, cripta No. 24.

“Esta soy yo, poeta, tu Marilyn, agradezco que me convoques. En realidad era yo quien necesitaba comunicarme contigo y por ello sugerí a tu mente ruidosa que me invocaras.”

“Me propongo dar a la literatura mi versión de qué habría pasado si no hubieras aparecido muerta ese 5 de agosto de 1962, divina señora. Y pensé que la persona más indicada serías tú misma para contarlo”, fue lo único que le dije.

“Pues bien, voy a referírtelo todo. Y trata de no desmayarte que te quiero despabilado. No sólo me suicidé sino que me asesinaron dos veces.”

La voz era muy dulce, y no correspondía con la de la médium. Es más, la figura de ésta sumergida en el agua con sus manos asidas a las mías, se me hacía la de la Diosa. (Continuará)

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo





Powered by