jotamario arbeláez

La santidad en el Nadaísmo

Cuando el cirujano Dr. Del Río introdujo el hondo laparoscopio en mi torturada pared abdominal para extraerme el apéndice percudido, sentí recuperada la calma pero supe que iba a perderme de tu anunciado coloquio con Jaime Jaramillo Escobar, Eduardo Escobar y Jotamario Arbeláez, los tres sobrevivientes de los ‘Trece poetas nadaístas’, ese libro iniciático de 1963...Gonzalo se hacía llamar el Profeta, y a sus seguidores nos distinguió como monjes, y al nadaísmo lo definía como “El evangelio de la nueva oscuridad”, y fechaba sus cartas desde el Monasterio, y dedicaba todo lo que publicaba A la monja, y se consideraba alma difícil de crucificar. Religiones hay muchas y un dios asomado a la ventana de cada una, atento no sólo a las oraciones e invocaciones de los creyentes sino a las blasfemias y cascarazos de los infieles. Uno de ellos, en el más descreído de sus manifiestos, dirigido ‘Contra los escribanos católicos’, jugaba con las llamas de estas dos velas: “El Demonio será siempre bienvenido”, y “Cristo, resucita, ven con los nadaístas a luchar contra los escribas y fariseos”. Seguramente andaba con el embeleco nietzscheano del “Dios ha muerto”… En ese tiempo era más presentable andar por fuera de las paralelas que por el carril. Y descarriados éramos todos. Pero en estos 60 años en que no hemos parado de caminar, no hemos hecho otra cosa que posar de predicadores de paradojas.
Sermoneadores atómicos. Teósofos de sofismas. Misioneros involuntarios.

Gonzalo se la pasó toda su vida, tanto de nadaísta cismático como de místico a ultranza en la prédica subversiva, en la manifestación poética convulsiva y en enviar epístolas inspiradas explicando cómo sobrevivir al fin de los tiempos, todo para redimir a la pobre criatura humana de los poderes infernales de la trastienda planetaria que le impedían realizarse. Cuando en mi adolescencia rabiosa lo conocí y me reclutó para su causa perdida, como solía anticiparlo, supe que estaba ante uno de los grandes iniciados e iniciadores de un mundo por transformar. En medio de sus continuas blasfemias que nosotros copiábamos agregándole más oprobios al pobre carpinterito, a veces dejaba deslizar este tipo de parábolas con aliento de paradojas: “Una noche, en una jardín, ante las estrellas, grité: Dios no existe. Y Él respondió: Ok, Gonzalo, con eso basta”.

No todos los redentores mueren crucificados ni en atentados, sino por la inercia de sus discípulos díscolos, que no supieron en el fondo con quién estaban tratando y a su muerte son los primeros en descalificarlo. “Qué mesías iba a ser, si era amigo mío”, se subvaloran. Todos sabemos por confesión propia que Eduardo fue infante seminarista y su obsesión era alcanzar el papado, pero al ingresar en la corriente inmóvil del primer nadaísmo quiso ponerle un sentido a la lucha por la criatura y siguió la huella de los mártires populares. Desde que cortara con el mundo y con la carne de diablo hace muchos años vive como un monje de clausura en tierras de San Francisco de Sales, entregado a transcribir el dictado que de alguna parte le llega, y como todo santo eremita sometido a las tentaciones del demonio que a veces peores que las eróticas son las políticas. Y aunque no cree en las piruetas espirituales de éste su amigo de la vida a quien los espíritus invocados a través de la ouija concedieron las llaves de la Nueva Jerusalén, le ha tocado ver que el Soberano Pontífice de los últimos tiempos es argentino como su Ché revisado, y en la vida real se llama nada menos que Jota Mario… Bergoglio, quien según ciertos planteamientos de parusía podría ser el Anticristo cuando la Segunda Venida.

* Palabras enviadas al coloquio de Gustavo Restrepo con los nadaístas sobrevivientes, en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo





Powered by