julio cesar londono

¡Cójanlo! ¡Cójanlo!

Por estos días todo el mundo anda indignado. Lo que no se explica es de dónde sacan tanta dignidad para indignarse. Qué bueno sería que estos raudales de civismo no se utilizaran para llorar sobre la leche derramada sino para actuar a tiempo, al momento de las elecciones, por ejemplo, o en los controles previos, o para imponerles al menos condenas sociales a los pillos de cuello blanco y a otras flores del pantano.

La curva de la temperatura de la indignación tiene un pico ahora por varias razones: los seis mil millones dólares de Reficar, los 11,5 millones de dólares de Odebrecht, las gabelas concedidas a las Farc y los asesinatos ‘no-sistemáticos’ de 35 líderes sociales en apenas tres meses, casi todos en las zonas abandonadas por las Farc.
Estos crímenes no guardan un patrón, dice Mindefensa. ¡Bendito sea Dios! Donde le metan ‘sistema’ a la cosa, volveremos a ver cifras espeluznantes, como los miles de ‘falsos positivos’, los miles de muertos del genocidio de la UP o los centenares de miles de muertos del paramilitarismo.

De todas estas indignaciones, la que más rating genera es Odebrecht porque involucra a tres candidatos importantes de las dos últimas elecciones presidenciales: Santos, versión 2010, y las versiones 2014 de Santos y Zuluaga. Como nadie ignora, de estos tres candidatos dos eran uribistas purasangre y el tercero (Santos 2014) es un uribista renegado.

Y así llegamos a la cohorte más indignada: los que andan indignados por la indignación del Centro Democrático y su marcha del primero de abril. No les cabe en la cabeza que el líder de esta protesta sea el mismo señor que tiene en la cárcel 48 altos alfiles de su movimiento; que barrió todos los records de víctimas del conflicto en 2002-2010 y que ha estado involucrado en 27 casos graves de corrupción y generado escándalos de proporciones en cuatro campañas presidenciales y en el referendo por la paz. Bueno, reconozcamos que a veces ejerce la autocrítica y regaña a esos compañeros que no cuidan los hakeos, las comunicaciones, las libaciones, las consignaciones y los autoengaños.

Olvida esta cohorte que es inútil repetir el prontuario de Uribe porque sus seguidores lo aman justamente por esa astuta mezcla de estadista y fullero que hay en él. Es por esto que, si le descubren un nuevo crimen, Uribe sube en las encuestas. Hay millones de colombianos que odian la ley, adoran las soluciones de fuerza y están convencidos de que el fin justifica los medios. Aquí está el grueso de sus admiradores. También hay uribistas tiernos, claro. Viven convencidos de que hay una conjura mundial contra Uribe orquestada por Santos, el Papa, la ONU, la Justicia Norteamericana y una conjunción astral maldita.

Del segundo líder de la marcha anticorrupción de este sábado, Alejandro Ordóñez, baste decir que es un santón destituido de su cargo por corrupto. Asiste, pues, por derecho propio a una marcha que será una especie de autocrítica de la crema y nata de la corrupción. Un mea culpa en clave de indignación.

No voy a decir que el Centro Democrático tenga el monopolio de los torcidos y que los demás son santos (perdón por el chiste). No. Por supuesto que el Gobierno, la unidad Nacional, Cambio Radical, los pastores y los contratistas no lo hacen nada mal en este campo. Roban sin prisa y sin pausa y les queda tiempo para indignarse y salir huyendo como el ladrón aquel que escapó gritando: ¡Cójanlo! ¡Cójanlo!

P.D.: por motivo de vacaciones, La Plana no circulará en abril.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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