julio cesar londono

Las avionadas de Avianca

Estoy a favor de los pilotos porque las aerolíneas me caen como una patada allí. No tienen vergüenza para cobrar penalidades hasta del 100% sobre el valor del tiquete, o especular con los precios en alta temporada o en mitad de una crisis, como están haciendo en estos días, ni se ruborizan cuando le dicen al pasajero, ya sobre la hora, que su silla se esfumó porque el vuelo fue sobrevendido. Y les importa un asterisco si usted pierde una cita importante o una conexión internacional. Jódase.
Un dato aquí entre nos: cuando el sistema no le permita hacer ‘check in’ online, téngalo por seguro: el vuelo está sobrevendido.

¿Por qué las autoridades toleran los abusos de las aerolíneas? Porque son correveidiles de los cacaos.

Soy parcial en este pleito porque tengo el vicio de alinearme con los débiles. Y no es que me crea el Quijote de la Mancha de Palmira: es que uno no puede ser pobre, negro y patronal.

La gota que terminó de alinearme con los pilotos fue el ultimátum del viernes, cuando Efromovich presentó una propuesta mezquina a las 11:30 a.m. y les advirtió a los pilotos, con tonito de capataz, que tenían hasta las doce de la noche para aceptarla, “o la retiro y contrato pilotos extranjeros”. ¿Así o más déspota?

“Es amargo cuando dice un holgazán, si te gusta bien y si no te vas”.

Contratar pilotos extranjeros es una solución irresponsable, al menos en vuelos nacionales, por los riesgos de incomprensión que pueden presentarse entre los pilotos y la torre de control, y por la cantidad de aeropuertos situados en topografías difíciles para el aterrizaje, como los de Ipiales, Pasto, Bucaramanga y Manizales.

Los pilotos han sufrido los embates del poder y la desinformación. Se dice que ganan 30 millones de pesos mensuales y que están entre los mejor pagados del mundo. Falso. En promedio, un piloto colombiano gana 3500 dólares mensuales. En Perú gana 5000, en Argentina 6000, en Alemania 15.000 y en China 17.000. Es verdad que las pretensiones iniciales del sindicato son altas, pero esto hace parte del juego del regateo en cualquier negociación.

Como siempre, el Gobierno se puso la camiseta del patrón. “Utilizaremos todos los instrumentos legales para garantizarle (sic) a los colombianos este servicio público esencial”, dijo la Ministra del Trabajo citando la ley 336 de 1996 (el subrayado es mío). “La huelga es ilegal”, sentenció el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá.

“Es ilegal porque no fue aprobada por la mitad más uno de todos los trabajadores”, dijo la empresa.

Pregunto: si la aprueba la mayoría de los trabajadores, ¿queda legalizada? Entonces, ¿el transporte aéreo dejaría de ser un servicio esencial? ¿Por dónde nos meteríamos la 336? ¿No son servicios públicos esenciales (incumplidos a diario) el agua, la salud, la educación? Cuando las minas del Cerrejón se chupan el agua de los guajiros, ¿dicen algo los ministros y los tribunales?

La mejor prueba de que los pilotos están subvalorados en Avianca estriba en que la empresa plantea un aumento del 12,75 % cuando el IPC del año estará alrededor del 4 %, y en un país donde los empresarios lloran y se amanecen en pleno diciembre para bajarle una décima a las aspiraciones de los obreros.

Hay que resolver el diferendo, por supuesto, pero sin leguleyadas ni arrogancias ni pasando por encima de los derechos de los pilotos.
Posdata: Mañana presento con mi amiga Alda Mera, a las 4:30 p.m. en el Bulevar, mi libro de ensayos ‘Los pasos del escorpión’.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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