julio césar londoño

Santrich, el bolerista

Cayó Santrich, el guerrillero glamuroso, y las reacciones han sido diversas y previsibles. Antonio Caballero volvió a preguntar por qué nunca caen los capos gringos de la droga, dijo que las pruebas de la DEA son endebles y dejó entre líneas la preocupación de que su captura rompa los acuerdos con la Farc. La extrema derecha dijo que el caso Santrich confirma sus temores: que la Farc es genéticamente traqueta y falaz. El Gobierno dijo que, por el contrario, estamos ante una prueba irrefutable de que no se le está entregando el país a las Farc y que la Justicia está funcionando. A mí me encantó el traspié del cínico bolerista de “quizás… quizás… quizás”.

Inicialmente, la Farc tuvo una posición unificada: “Todo esto es un montaje de la DEA y un golpe mortal a los acuerdos”. Pero luego se evidenciaron las fisuras que existen al interior de la Fuerza del Común: mientras la línea dura (Márquez, Joaquín Gómez, París y el propio Santrich) insiste en que se trata de un montaje y que “estamos en el peor momento del proceso”. La línea blanda (Timochenko, Alape, Catatumbo y Lozada) piensa diferente: “La paz está por encima de las personas que hacemos parte de esta organización”, dijo Timochenko. Catatumbo dijo: “Santrich dice que es inocente y yo le creo” (yo creo que ese “dice”, dice mucho). Sorpresivamente, Santrich se alineó con la línea blanda y mandó desde la cárcel un mensaje de apoyo a la continuación del proceso.

¿Por qué se metió en semejante enredo? Las hipótesis son: 1. Las Farc nunca se salieron del irresistible negocio. 2. El cieguito traqueteaba para él, para comprar gafas y bufandas. 3. O para financiar las disidencias. 4. O para el plan B: volver a la lucha armada cuando la tenaza Gobierno-extrema derecha termine de estropear los programas del posconflicto.

Lo cierto es que el hombre tiene el agua al cuello. Lo capturaron por su cercanía con Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez, un hábil contratista que se estaba embolsillando miles de millones de pesos de los programas de paz. En el momento de la captura estaba con Armando Gómez España, el traqueto padre de Carolina Gómez. La DEA tiene audios y videos de Santrich con los agentes que le tendieron la celada, y una conmovedora nota suya para Rafael Caro Quintero, capo del Cartel de Sinaloa: “Nov. 02/17. Para Don Rafa Caro con aprecio y esperanza de paz,Santrich/17”. La nota tiene dos dibujos de muy buena línea. Arriba hay un ciego con el torso desnudo y expresión simiesca, y abajo una lagartija que se mueve con una agilidad perfectamente líquida.

Este no es el peor momento del proceso. Fue más crítico cuando el Ejército dio de baja a Alfonso Cano, y las negociaciones no se rompieron. Esta vez será igual. Los acuerdos no tienen reversa. Lo que está por verse es si el posconflicto resiste la ineptitud del Gobierno, los torpedos de la extrema derecha y, lo peor, la indiferencia social.

P.D.: Mañana a las 7:30 p.m. José Zuleta leerá sus poemas y conversará con Betsimar Sepúlveda en el Teatro Esquina Latina. Hijo de Yolanda y Estanislao, instruido por preceptores privados, maleducado en sórdidos clubes de ajedrez de Cali y echado a perder en las bibliotecas de Barcelona, Zuleta hace cuentos (en realidad mecanismos de alta precisión) y poemas que saben decir las cosas con “la limpidez de los ojos  de un niño que acaba de llorar”, y le queda tiempo para tramar, desde ‘Libertad bajo palabra’, la red de talleres de escritura del Inpec y Mincultura, espectaculares fugas de tinta.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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