liliane de levy

Celebridad y presidencia

En Europa gustan decir que los norteamericanos son niños grandes. Exitosos, pero niños al fin y al cabo y siempre deslumbrados ante el poder del dinero. En Francia los llaman ‘Bling-Bling’, un sinónimo de nuevos ricos con una pizca de vulgaridad. Y es así como explican el triunfo de Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales quien pese a su grosería, ignorancia, machismo, ego y mil otros defectos se impuso gracias a sus jactancias económicas y la ilusión de imitarlo en un país moldeado a su manera.

Donald Trump es lo que en Estados Unidos se considera una ‘celebrity’ o celebridad, es decir un personaje muy rico, incrustado en los medios y la vida social que manipula a su favor, acumulando poder y fama. Y así viene gobernando, a golpe de espectacularidad y sin respeto por las leyes y maneras establecidas. Cada día nos informa por ‘tweets’ de sus decisiones tomadas la víspera y nos pone a temblar y esperar salir ilesos de sus aventuras.

Pero ahora aparece en el horizonte político norteamericano otra gran ‘celebridad’ que -según dicen aspiraría a la Presidencia de los Estados Unidos en la elecciones del 2020. Se trata de la muy famosa billonaria Oprah Winfrey cuyos cercanos candidatizaron después de escuchar su elocuente discurso durante la ceremonia de los premios Golden Globes que denuncia el acoso sexual y apoya los movimientos que militan en su contra como #Metoo y ‘Time’s up’. Hasta hace poco Oprah negó la posibilidad de candidatizarse pero ahora calla al respecto en una forma indirecta de aceptación que inquieta a la opinión. Aunque Oprah es una celebridad de otro lote y se proyecta totalmente como ‘anti-Trump’.

Personalmente admiro a Oprah Winfrey y todo lo que ha emprendido y conseguido, por mérito propio. Nació en una familia negra muy pobre, su madre trabajaba como aseadora y de niña fue abusada sexualmente. Hoy, a los 63 años de edad es dueña de un canal de televisión, de una prestigiosa casa editora responsable de numerosos ‘best sellers’; anima un ‘talk show’ (programa de entrevistas televisadas) que cuenta con una multitudinaria audiencia; es actriz notoria de películas como ‘The Buttler’, ‘The Color Purple’ y otras, y fue nominada al Oscar publica la influyente revista OWN y muchas cosas más. Es también apreciada por su bondad, generosidad, trabajo social y patrocinio a políticos afines como Barack Obama.

Oprah simboliza el sueño americano al convertirse en billonaria; Forbes estima su fortuna en 2,2 billones de dólares. Sin embargo, ahora cuando sus amigos quieren que se vuelva presidente y ella parece inclinada a aceptarlo, se palpa mucha inquietud en la opinión. La gente no quiere repetir el error de Trump y se pregunta si Oprah está realmente capacitada para tomar las riendas de la primera superpotencia del mundo. Sin experiencia política de ninguna clase.

¿Acaso es suficiente ser buena oradora, rica y bondadosa para lidiar con guerras, terrorismo, nucleares, inmigración, zonas de influencias, fanatismos religiosos, narcotráficos, criminalidad, etc.,etc.? Los mismos negros ya le reprochan mantenerse fuera de su alcance; los latinos la acusan de no pararles bolas; los cubanoamericanos creen que simpatiza con el castrismo y lo resienten. ¿Y qué decir de los líos en Afganistán, Irán, Medio Oriente, el avance fascista en Europa, las vicisitudes africanas, las rivalidades con China, Rusia y otros? Qué sabe ella de leyes constitucionales y de apretar o no apretar el temido ‘botón’, de política interior y exterior, de asumir la responsabilidad de la vida de billones de personas. Oprah Winfrey es una celebridad rutilante y muy amada. Podría ser ministra, embajadora, asesora o líder comunal. Pero presidenta, todavía no. No después de Donald Trump. ¡Queremos descansar!

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