liliane de levy

Polonia y su memoria

“Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores”. Sabia recomendación que, en días pasados, Polonia optó por ignorar al promulgar una ley que penaliza con multas y prisión hasta de tres años a cualquiera que “públicamente atribuya la responsabilidad de la Nación polaca o el Estado polaco en los crímenes nazis cometidos por el Tercer Reich alemán durante la invasión y ocupación de Polonia en la Segunda Guerra Mundial”. Y castigar, con máxima severidad la denominación “campos de la muerte polacos” que se refiere a los campos de concentración como Auschwitz-Birkenau por considerarla injusta y falsa. La ley, supuestamente “patriota” fue aprobada por el Senado y firmada por el presidente Andrzjeh Duda y entrará en vigor de inmediato a menos que se reflexione más sobre su contenido ante las vehementes protestas que provoca.

Estados Unidos, Alemania, Ucrania, Francia y sobre todo Israel la han rechazado. Y los analistas se preguntan, ¿por qué fue promulgada? ¿De qué sirve? Porque negar la colaboración polaca con el ocupante nazi entre 1939 y 1945 es como tapar el sol con una mano. Los campos de concentración y de aniquilamientos fueron prolíficos en Polonia durante estos años. En Auschwitz mataron a más de 1,2 millones de seres humanos, en su mayoría judíos pero también gitanos, homosexuales, enfermos mentales y opositores.

Después de la ocupación el 90 % de la población judía de Polonia de 3 millones había muerto. Con la ayuda de polacos convertidos en feroces ‘informantes’ que entregaban judíos a la Gestapo nazi. Yair Lapid, líder político israelí e hijo de sobrevivientes del Holocausto dijo: “Condeno esta ley que intenta negar la complicidad polaca. El Holocausto fue concebido en Alemania pero cientos de miles de judíos polacos murieron sin haber visto a un solo soldado alemán”.

El Instituto de Memoria del Holocausto ‘Yad Vashem’ instó a “no borrar la verdad histórica sobre la ayuda y la complicidad de Polonia durante la guerra”. A la vez que destacó la valentía de ciudadanos polacos que arriesgaron sus vidas para salvar a judíos y cuyas memorias conserva. Cabe señalar que el Holocausto es el evento histórico más documentado de la historia de la Humanidad. Montañas de testimonios, fotos, películas, pruebas físicas, científicas, filosóficas y artísticas, siguen alimentando las investigaciones. Y todas constatan el alto grado del antisemitismo endémico que existe en Polonia desde antes, durante y después de la guerra.

Los pogromos, las persecuciones, las discriminaciones, el Ghetto de Varsovia, las humillaciones, los sobrevivientes judíos asesinados por sus vecinos después de su salida de los campos, la ‘purga’ antisemita y ‘anti-sionista’ de 1968 que obligó a casi todos los judíos que quedaron a huir para salvar sus vidas. Y ahora, en manos de un gobierno de ultraderecha con vociferantes elementos neofascistas como el MW (Juventud Polaca Toda) que presionó por la firma de la controvertida ley. Una ley que distorsiona la verdad, manipula la historia, oprime la libre expresión, bloquea toda investigación sobre el tema y condena a los polacos a vivir en la mentira.

Polonia no es el único país que trata de borrar momentos vergonzosos de su pasado. Duele recordar la masiva colaboración francesa con el ocupante nazi (1940-1945) y que fue reconocida oficialmente por el presidente Jacques Chirac el 16 de julio de 1995. En su discurso de conmemoración de ‘La redada del Velódromo de Invierno’ (en cuyo estadio los franceses habían amontonado a 13 mil judíos antes de entregarlos a los alemanes) Chirac dijo: “Francia, patria de las luces y de los Derechos Humanos... Este día, cometió lo irreparable”.

Aunque tarde reconoció lo que Polonia quiere seguir ocultando.

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