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Trump vs. medios

Marzo 09, 2017 - 11:50 p.m. Por: Liliane de Levy

El presidente norteamericano, Donald Trump, está en guerra contra los medios de comunicación. Los insulta, humilla, discrimina y no acude a ellos para comunicarse con la opinión. Lo hace a través de Twitter.

Los medios tampoco se quedan de brazos cruzados y hasta el momento no se han dejado intimidar. Al contrario persiguen y atacan a Trump con la misma ferocidad y no le pasan el menor desliz. La batalla Trump vs. medios es apasionada, encarnizada, total. ¿Y el resultado? Empate.

Pero vamos por partes. Desde la campaña electoral los medios le dieron la espalda a Trump. Con o sin razón, los dueños de la información en Estados Unidos -cuya principal función es la de un árbitro neutral- optaron por respaldar a su contendora Hillary Clinton, de manera abrumadora. Trump cuyo ego desmesurado jamás podría aceptar tal favoritismo, decidió defenderse a su agresiva y no muy elegante manera, declarando a la prensa “enemigo del pueblo” calificando las noticias “fake news” (noticias falsas) y llamando a los periodistas la gente más deshonesta y asquerosa del planeta. Desde entonces y hasta la victoria electoral que lo llevó a la Casa Blanca, se dio a la tarea de vetar las credenciales de los periodistas críticos de sus ruedas de prensa y reuniones políticas esenciales.

Los medios más perseguidos han sido hasta el momento el New York Times, el Washington Post, la cadena CNN, NBC y otros. Las informaciones que Trump le reprocha a los medios versan sobre asuntos triviales como el tamaño de las aglomeraciones de gentes que celebraron su triunfo a la Presidencia hasta otros más serios como la interferencia de Rusia a su favor en la campaña electoral; el veto migratorio a países musulmanes o las filtraciones respecto a presiones de la Casa Blanca sobre investigaciones del FBI. Y como para ponerle más angustia a la situación, el Presidente promete ahora utilizar e incluso desenterrar leyes ya existentes contra la difamación como la ‘Espionage law’ y la más severa ‘Comint Law’ que vendrían a enjuiciar informaciones difamatorias como crímenes merecedores de los peores castigos. El ambiente se torna malsano y muy miedoso.

Por su parte los medios, encabezados por los más notorios nombrados más arriba, no dan su brazo a torcer y han hecho de los ataques contra Trump su principal ocupación. No pasa un día sin que le descubran y revelen algún aspecto bochornoso de su vida y lo tratan hasta el agotamiento. Pero -y eso es loable- reconocen que fallaron en su profesión y no estuvieron a la altura de sus responsabilidades con la opinión. Y quieren reparar un confeso gran error que es no haber vislumbrado -ni siquiera por un minuto- que Trump pudiera ganar las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton. Error garrafal que muestra que nunca investigaron lo suficiente ni comprendieron la magnitud del fastidio que los norteamericanos alimentaron durante décadas contra una élite de políticos que no los protegía, sino que velaba por sus propios intereses.

En el proceso de reparar semejante descuido el NYT acaba de dedicar un fondo millonario para reforzar el equipo que cubre la Casa Blanca. El Washington Post y el Wall Street duplicaron el número de sus corresponsales sobre el mismo cubrimiento. Pero cabe señalar que tanto el NYT y demás medios perseguidos, aprovechan de la situación de guerra contra Trump a plenitud desde que se metieron en ella, están en su apogeo y baten récords de audiencia y suscriptores. Sin embargo, la guerra Trump vs. medios preocupa. Pone en juego la confianza que la opinión tiene en sus dirigentes y en sus informantes. Y la democracia se resiente.

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