mabel lara

La madona del silencio

Fue la primera mujer colombiana que se atrevió a pintar desnudos. Pintaba a las putas, a las campesinas, a las mujeres pariendo, a la iglesia y su doble moral. Nació en el siglo pasado en el seno de una familia ultraconservadora; en la Antioquia montañera donde ya nacer mujer era un hecho revolucionario.

Andar en las memorias de la maestra Débora Arango es identificar una de las voces más importantes de nuestra historia, podríamos decir incluso que fue una de las primeras mujeres historiadoras y lo hizo sin pensarlo. Siguiendo su instinto libertario se enfrentó a todos y a todo. Luchó toda su vida contra los prejuicios y el rechazo de las élites políticas de la mano de un pincel y un lienzo.

Arango nació en 1907 como hija de una familia acomodada antioqueña y encontró en la cultura y en el arte su mejor manera de ser. Feminista temprana, como se le suele llamar, renunció desde pequeña a la figura cliché de mujer abnegada y delicada. Lo suyo eran los pantalones y montar a caballo, en una época donde la camándula y la falda era la mejor forma de enaltecer a la ‘buena mujer’.

Todo en ella era denuncia social. Desde muy joven rechazó la pintura naturalista y se lanzó de la mano del expresionismo alemán a crear paisajes, retratos y desnudos. Y estos tal vez fueron su mayor obsesión y dolor de cabeza.

Pero ella insistió. No pintó una vez o dos desnudos, decenas de veces se perdió entre las calles, la gente corriente, los prostíbulos, los hospitales, bares y manicomios para mostrar obsesivamente a las mujeres libres, prostitutas muchas. Porque para la maestra Débora un desnudo era un paisaje de carne humana y era la prostituta lo que quedaba de la mujer cuando se borraban las máscaras.

Esta semana volvió a perseguirla la mojigatería y la doble moral. Lo hizo en Twitter y en mi página personal cuando al publicar una de sus obras más bellas: la madona del silencio, la red social me bloqueó su imagen debido a la configuración previa de mi cuenta aludiendo a material sensible.

Muchos seguidores aplaudieron la decisión y esto sólo demuestra que trece años después de su muerte su obra sigue generando el mismo escozor, la misma doble moral del siglo pasado, la misma mirada esquiva de la naturaleza de la mujer real. Una década después de perder a la gran Débora Arango quienes la admiramos la sentimos más real, porque tan sólo con una imagen suya quedan expuestas las mismas mentiras y máscaras sociales y queda expuesta también su inmortalidad.

Sigue en Twitter @MabelLaraNews

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