mabel lara

La Manada


Ha caído la noche.

A las 2:50 minutos de esa misma madrugada un grupo de jóvenes, chicos y chicas como miles en esa jornada en España, disfrutan del cierre en una de tantas plazas de uno de los conciertos de las fiestas de San Fermín.

Es un julio caluroso de 2016. Cinco muy apuestos y trozudos muchachos han llegado hasta Pamplona dispuestos a todo; se hacen llamar La Manada.

Una joven de 18 años sentada en uno de los bancos de la plaza del Castillo telefonea a su acompañante; quien cansado del jolgorio desde hace una hora la espera en el automóvil.

Tras una corta conversación los muchachos le proponen a la mujer acompañarla hasta su carro. Caminan entre las calles, los seis, la manada y la jovencita quien va fumando un cigarrillo.

En una de las esquinas, el más impaciente se detiene en un hotel y pregunta por una habitación para 6. No se da.

Más adelante en una de las calles más oscuras los cinco jóvenes tocan, manosean, suben y bajan los panties de la chica. Ella no se resiste, de cuando en cuando gime mientras la manada graba cada una de sus estocadas. Golpes duros por delante y por detrás; una felación detrás de otra y cada video, seis en total, dan cuenta del carnaval. Es la fiesta de la carne.

Tal como van eyaculando van saliendo. Uno de ellos le roba el teléfono y horas más tarde hace el recuento mientras envía los videos a sus grupos de Whatsaap: “Follándonos a una los cinco… todo lo que cuente es poco… hay vídeo”, dice.

La historia, que bien podría haber sucedido en Colombia, tiene en la calle a los españoles. La Justicia de ese país en un hecho sin precedentes ha vuelto a poner sobre la mesa la tiranía de la legislación que revictimiza y señala como corresponsable de un acto sexual a una mujer indefensa.
Con tan solo 9 años de condena un tribunal español despertó el león dormido y asqueante que guardamos todas las mujeres, no sólo en España, en el mundo.

No es posible que se sigan construyendo sociedades donde el único argumento de protección para nosotras sea no dé papaya. “No se meta en un callejón con cinco hombres, no salga sola, no se ponga falda”.

“Grite, pegue y muestre que hubo al menos un puñal cuando 5 hombres por delante y por detrás la violan para que la Justicia esté de su lado”.

Es la eterna tragedia de seguir siendo mujer en un mundo cuya justicia es hecha a la medida de los hombres. Y no me malinterpreten, las mujeres no queremos ser vistas como puritanas o vírgenes caídas del cielo, queremos entablar relaciones consensuadas, donde acostarse con quien se nos dé la gana sea parte de nuestra decisión.

Me niego a creer que todo hombre tiene un delincuente dormido, me niego a creer que mi propio hijo es un violador en potencia y tiene derecho solo por ser hombre a tomar y dejar lo que se le dé la gana en este mundo; mientras a mi sobrina le cierro las puertas y la cargo de miedo simplemente porque el destino la trajo bajo el cromosoma XX.

La historia de la manada es una historia que nos compete a todas, por eso desde estas líneas y como mujer en esta generación alzo también mi voz y digo: NO es NO, una violación es una violación.

Sigue en Twitter @MabelLaraNews

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