mabel lara

La otra ‘reina’

En la calle la conocen como la H, el caballo e incluso la reina. Me cuentan los adictos que su ‘traba’ les permite aislarse. Que lo que les pasa dentro del cuerpo es un estado de relajación extrema y que por eso es que se sienten volar. También me dicen que sus chutes (como se les llama a las inyecciones de la sustancia) no causa el mismo efecto de la cocaína que vuelve a sus consumidores más extrovertidos, que por el contrario, lo de ellos como heroinómanos es aislarse con placer.

Son decenas de adictos a la heroína que encontramos en el centro Cali en barrios tradicionales como San Nicolás, Sucre o El Calvario. Lo irónico de esta historia es que todos reconocemos que en este sector están los mayores adictos y drogodependientes de la capital del valle y parece que a nadie le importan.

La mala noticia es que nos tocó atender el llamado nacional sobre el consumo de heroína. Las cifras indican es que en los últimos años ha aumentado la oferta de la sustancia y que la proximidad con la zona que lo produce y los precios de la misma incrementaron su consumo.

Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Armenia, Cúcuta y Santander de Quilichao “han visto una expansión lenta, pero constante en sus calles. Los precios han bajado y oscilan entre treinta mil y cinco mil pesos el gramo, con variaciones de hasta cuatro dosis por inyección”, como reporta el Ministerio de Justicia en la más reciente investigación sobre el tema.

La situación en la ciudad tiene en alerta a fundaciones sin ánimo de lucro como la de Samaritanos de la Calle o como al toxicólogo investigador Jorge Quiñónez, quienes llaman la atención debido a la escandalosa oferta masiva que ya no es exclusiva de la zona central.

Los cultivos de amapola en el Cauca, especialmente en Santander de Quilichao donde la producción está alrededor de 2 toneladas de heroína, representando el 0,03% de la producción mundial, es la justificación del este incremento. En otras palabras, la droga que no se envía para consumo internacional se la están inyectado en Cali y el Eje Cafetero.

El balance en el país no es más alentador; se estima que quince mil personas vienen inyectándose heroína. Ciudadanos que están entre 12 y 65 años de edad y que según la corporación acción técnica social que desarrolla proyectos para reducir los riesgos de esta población, al menos 31 mil personas han consumido heroína alguna vez en su vida; siete mil aproximadamente consumieron en el último año y 3.592 lo hicieron en el último mes.

En conclusión esta batalla también la vamos perdiendo. No hay dinero ni continuidad en los programas para contrarrestar la demanda. Son pocos los estudios sobre heroína y consumo que se están realizando; la agenda interna está marcada por el control de la producción de cocaína y poco se sabe de producción y consumo de heroína. Hay un desinterés generalizado y ausencia de investigaciones, así como debilidad estatal para enfrentar semejante problema y abrir el debate nacional sobre el crecimiento del fenómeno. Ojalá Cali tomara la bandera de la discusión.

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo





Powered by