marcos peckel

El fin del califato

Tras varios meses de bombardeos y asaltos por tierra cayó Raqqa, la autoproclamada capital del califato declarado hace más de tres años por el líder de Isis, Abu Bakr al-Baghdadi, en la gran mezquita de Mosul, ciudad que también perdieron los yihadistas en junio pasado. Raqqa y Mosul, que hoy yacen en ruinas, fueron los más emblemáticos bastiones del califato y fue necesario destruirlas para quitárselas de sus manos a los combatientes del Estado Islámico. Miles de civiles murieron, millones están en situación de desplazamiento y pasarán años antes que esas ciudades vuelvan a mostrar un semblante de asentamiento apropiado para seres humanos en dos Estados en los que las guerras están lejos de terminar.

Con la caída de Isis las coaliciones que lo enfrentaron, tanto en Siria como en Iraq, cesan de tener el enemigo común por lo que no pasará mucho tiempo antes que estallen remozados enfrentamientos para quedarse con los extensos territorios que alguna vez constituyeron el califato. Ya en Iraq los kurdos, que hace pocas semanas llevaron a cabo su referendo independentista, sufrieron su primera gran derrota en el campo de batalla, a manos del ejército iraquí y las milicias shiitas pro-iraníes, al perder, sin disparar un solo tiro la ciudad de Kirkuk que habían ocupado en 2014 para evitar que cayera en poder de Isis. Una vez más los kurdos son abandonados por sus aliados occidentales y las esperanzas de independencia del Kurdistán iraquí y sirio se desvanecen en medio de una geopolítica hostil y unos depredadores regionales, Turquía e Irán que harán lo necesario para evitarlo. Los árabes sunitas iraquíes, muchos de los cuales apoyaron en su momento a Isis, quedan a merced de un Estado controlado por la mayoría shiita, lacayo de Irán que no les garantiza sus aspiraciones por lo que un nuevo Isis podría estar pronto en ciernes.

Al otro lado la de la frontera el mapa de Siria sigue siendo un ‘tapiz multicolor’ compuesto por territorios controlados por diferentes grupos. Con la caída de Raqqa en manos de una coalición de kurdos sirios, milicias árabes y fuerzas especiales de Estados Unidos se abre el interrogante de quién controlará definitivamente esa zona en momentos que un envalentonado Assad, con ayuda de Irán y Rusia, recupera territorios que había perdido en estos más de seis años de guerra.

Mayor interrogante aún el que se abre con el fin del Estado Islámico es qué va a hacer Estados Unidos tanto en Siria como Iraq, en un apocalíptico entorno regional dominado por el conflicto entre Irán y Arabia Saudita, Rusia mandando en Siria, Israel preocupada por la creciente presencia iraní en sus fronteras, la guerra en Siria que entra en una nueva fase dominada por la incertidumbre de las nuevas alianzas que se podrían forjar e Irán y Turquía dando rienda suelta a sus aspiraciones expansionistas.

Con el fin del califato, Isis no se acaba; se reinventa para otras luchas, otros días y otros lugares. Aun controla pequeños territorios en Siria e Irak. A los miles de voluntarios del califato, llegados de los confines del Planeta no les quedará más remedio que regresar a sus países de origen a seguir la lucha como lobos solitarios siguiendo las instrucciones recibidas de uno de los fallecidos líderes de Isis, Abu Mohhamad al-Adnani, desintoxicarse de la ideología radical y volver a sus vidas, pasar largos periodos en prisión o unirse a las células de Isis que operan en Libia, Yemen, Afganistán, el Sinaí y otras latitudes.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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