marcos peckel

Noches de Arabia

Para aquellos que añoraban los relatos de las intrigas palaciegas de las Mil y una noches o las novelas sobre conspiraciones edievales en la Europa feudal del Sacro Imperio, pueden gozar en vivo y en directo el anhelado género. Basta volver la mirada a Riad, capital de Arabia Saudita y frotarse los ojos con lo que allí acontece y hace palidecer la ficción de la literatura.

Guerras, purgas, secuestros de dignatarios, bloqueos a países vecinos, muertes extrañas, misiles, helicópteros siniestrados y multimillonarios encarcelados es solo un sumario de lo que ocurre en los desiertos de Arabia por estos días.

Arabia Saudita ostenta su nombre por el fundador de la dinastía reinante, Abdul Aziz ibn Saud, quien convirtiera sus dominios tribales en un Estado en la segunda década del Siglo XX, para ponerse en sincronismo con los tiempos en los que el Estado-Nación se constituía en la unidad atómica del sistema internacional. Desde la muerte de Abdul Aziz, quien tuvo una treintena de hijos, Arabia Saudita, bendecida o maldecida por las más grandes reservas de petróleo del mundo, ha sido gobernado por seis de los vástagos del patriarca. Las conspiraciones palaciegas siempre estuvieron a la orden del día; un rey fue asesinado, otro depuesto y el actual monarca Salman bin Abdul Aziz al Saud, octogenario, es probablemente el último de los descendientes directos del Abdul Aziz y a su muerte o derrocamiento el trono pasará a la tercera generación, una pléyade de primos que afanosamente buscan tajadas del poder.

En una de sus primeras acciones Salman destituyó al príncipe heredero, su medio hermano Nayaf bin Abdul Aziz, y en un acto sin precedentes en la Casa Saud nombró en su lugar a su propio hijo Mohamed bin Salman de 32 años, apodado MBS por las iniciales de su nombre. Arabia Saudita enfrenta colosales desafíos internos y externos, este último fruto del épico conflicto regional con Irán, lo que podría abrir una era de inestabilidad política en el Reino de muy inciertas consecuencias.

MBS se ha movido rápidamente para consolidar su poder, en contravía de lo acostumbrado anteriormente de compartirlo solidariamente entre los miembros de la familia real. Las tres ramas de las fuerzas armadas han pasado al mandode MBS quien además en 2015 constituyó el consejo de lucha contra la corrupción el cual posee atributos de arresto y confiscación. Centenares de príncipes, burócratas y empresarios millonarios han sido arrestados en las últimas semanas en una supuesta cruzada anticorrupción que no es más que una fachada para eliminar del camino a potenciales rivales de MBS.

La guerra contra Yemen para derrotar a los rebeldes Houties shiitas proiraníes completa 30 meses sin resultados tangibles en el campo de batalla excepto la masacre de miles de civiles y la destrucción del país. El bloqueo a Qatar orquestado por MBStampoco ha dado resultado alguno excepto acercar al pequeño emirato a Irán y Turquía y envalentonar a la cadena televisiva qatarí Al Jazeera en su críticas a la monarquía, lo contrario de lo que el bloqueo buscaba.

El último capítulo de las acciones temerarias de MBS tampoco augura un final feliz para los saudíes. La renuncia aparentemente forzada del primer ministro libanés Saad Hariri que tiene por objeto moverle el piso a Hezbollah, la milicia shiita proxi iraní que controla Líbano, podría ser un bumerang en contra de los saudíes.

Oscuras se vienen las noches de Arabia, lo último que necesita un apocalíptico Medio Oriente.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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