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Buenaventura despierta

Mayo 18, 2017 - 11:55 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Monseñor Héctor Epalza, el obispo de Buenaventura, sirve como escudo pero es además quien levanta la voz frente al poder establecido, llámense presidente Uribe o Santos, o quien sea; no duda en prender las alarmas sobre la realidad inverosímil de este puerto que produce 5,47 billones al año -el 37% del recaudo de la aduana nacional por comercio exterior- mientras el 64% de la gente en la zona urbana y el 91% en la rural son pobres; muchos pasan hambre.

En Buenaventura no hay acueducto ni alcantarillado; el desempleo alcanza el 62% y el empleo informal llega al 90,3%; la mitad de la gente no tiene vivienda, el hospital controlado por la politiquería no funciona; la escasa oferta pública de salud está controlada por una mafia y el nivel educativo superior ha ido en declive con una universidad saqueada por la rapiña política, como ocurre con el conjunto de los puestos públicos de una ciudad donde la formación pesa poco frente a las recomendaciones de los caciques políticos o de las roscas mafiosas que controlan los diferentes sectores de la economía.

Todo allí es caótico, desordenado, desesperanzador, incierto. Los gobernantes elegidos y buena parte de los funcionarios públicos directivos con capacidad de decisión, terminan sistemáticamente en la cárcel, acusados de corrupción. La lista de detenidos que cínicamente continúan influyendo desde la cárcel en las decisiones contractuales, que parecieran ser las únicas que importan, es grande. Son los dirigentes políticos del nivel departamental quienes se reparten el presupuesto sin pudor y sabotean la ejecución cuando el Gobierno Nacional intenta imponerles control a los recursos que provienen del presupuesto nacional. El actual alcalde Eliécer Arboleda le reporta a la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, como jefa política y no por su condición de cabeza del departamento.

Este 16 de mayo, 100 mil personas salieron a la calle. Uno de cada tres de los habitantes del casco urbano protestó con su presencia. Impacientes, rabiosos tal vez, o mejor desesperados recorrieron las calles con un lema que los unificó: ‘Para vivir con dignidad y en paz en el territorio’. El obispo Epalza y los sacerdotes de la Diócesis los acompañaron. Son la autoridad moral del puerto. Su pastoral vista desde el evangelio y su compromiso vocacional, explican el porqué de su firmeza a la hora de acompañar como pastores la protesta de los más necesitados alrededor de ocho puntos elementales.

El Obispo llegó hace doce años a Buenaventura. Era la voz de esperanza ante la ausencia de monseñor Valencia Cano, el pastor comprometido con el sufrimiento y los potenciales de la gente del Pacífico. Formado en la Teología de la Liberación siempre tuvo clara su misión. Gracias a él se supo de la existencia de una casa de pique donde desmembraban jóvenes en la lucha atroz por las rutas de la coca y no ha hecho otra cosa que sembrar esperanza en cada entierro, sin permitir una postración colectiva y por el contrario invitar a no desfallecer, a resistir sin pasividad y a convencer a cada quien de que están despiertos, como ocurrió con la multitudinaria marcha para enfrentar la desidia y la corrupción hasta lograr hacer del puerto una buena ventura, como invita su nombre.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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