maría elvira bonilla

Odio desbocado

Las reacciones violentas contra el candidato del Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, Timoleón Jiménez, llaman a la detenerse a pensar con serenidad. Aunque considero que fue un error mantener un partido cerrado con la misma la sigla Farc negando la posibilidad de abrir el movimiento a la confluencia de otros sectores populares con afinidades políticas, para escoger candidatos al Congreso y eventualmente a la Presidencia, como se lo habían planteado inicialmente, fue una decisión autónoma del partido en pleno, en agosto del año pasado.

Esta decisión volvió la campaña electoral y por el momento la presidencial de ‘Timochenko’ un blanco de odios y venganzas que están a flor de piel producto de las innumerables y dolorosas acciones violentas cometidas por el grupo armado que han dejado huella y profundas heridas aún abiertas.

Pero tenemos que ser serios como sociedad y como país: la guerrilla firmó la paz y dejó las armas sobres la base de una premisa de hacer política sin armas. Es decir para aspirar al poder por las vía electoral con el fin de lograr representación para defender el Acuerdo de paz firmado en La Habana con los ajustes post-plebiscito y también para intentar llevar a la práctica, en la medida en que la correlación de fuerzas se lo permita su plataforma de reformas por las que han luchado por décadas. Los Acuerdos fueron ratificados por el Congreso en el que está representados los colombianos. Fueron sometidos a la lupa parlamentaria y finalmente aprobados mayoritariamente.

La participación política fue un punto debatido hasta la saciedad e incluso se precipitó la firma del Acuerdo final para acompasar las fechas con el calendario electoral y asegurar que los candidatos del naciente partido quedaran habilitados para participar en las elecciones de Congreso y presidente en el 2018. Entonces, ¿en qué estamos? Esas son las reglas de la democracia.

No es posible ahora pretender sabotear sobre la marcha su actividad proselitista legal. En la competencia electoral se miden con votos las distintas posturas, visiones de país y propuestas que toman finamente forma a través de los partidos o los discursos unipersonales de los diferentes candidatos. Unas toman fuerza y se imponen y otras se marchitan. Y el Partido de las Farc está en su derecho de participar en esa contienda. Además, ese fue el compromiso.

Su derrota tiene que ser con argumentos, en las urnas. No a empellones. No se puede ahora pretender callarlos y arrinconarlos a punto de agresiones verbales y violencia física con ataques con huevos, aguas, piedras, materas con un vandalismo primitivo. La gira de Timochenko que se inició el viernes pasado en Armenia y que continuó llena de tropiezos por Cali, Yumbo, no podía ser más vergonzosa como termómetro de comportamiento social. Ira desbocada, intolerancia, irrespeto dejándose expresar desbocados, lo más primario y elemental, visceral del ser humano que riñe con la civilidad.

No se trata de reacciones espontáneas sino de un plan orquestado y coordinado a través de las redes sociales, concretamente de grupos cerrados de ‘wsp’ cuyo propósito es movilizar odio y venganza para sabotear con violencia la campaña electoral que apenas empieza. El espiral de emociones que puede disparar las redes sociales es impredecible. Simplemente aterrador.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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