mario fernando prado

Corregidor incorregible

Desde hace varios años los icónicos Farallones de Cali dejaron de ser ese hermoso lugar pletórico de naturaleza al que raramente se accedía y que para muchos caliviejudos, llegar a ‘Picoeloro’ era como alcanzar la cima del Everest. Además, contemplar Peñas Blancas en las mañanas de verano siempre ha sido un referente de las goteras de nuestra ciudad.

Llegar a La Leonera y al Pato vía Pichindé y Los Andes, cuando no por Felidia y El Diamante, es la antesala para subir a esas montañas por las que en el siglo antepasado se accedía al mar, luego fueron la ruta del M-19, posteriormente de las Farc y desde que se creó el batallón de alta montaña Rodrigo Lloreda Caidedo, se acabó con esa guarida de malhechores.

Sin embargo, se fue gestando allí el negocio de la minería ilegal que viene operando ante los ojos de varias administraciones municipales que no han logrado la erradicación de quienes, por extraer el oro, siguen contaminando criminalmente las quebradas que vierten sus aguas a nuestros ríos tutelares envenenando además la Reserva Natural Nacional Farallones de Cali, hoy ultrajada y depredada.

Se sabe de la existencia de gigantescas maquinarias que han llegado allá sin que nadie se dé cuenta (como el célebre elefante), al igual que volquetas y “gente rara” que lo han convertido en otra vergüenza similar a lo sucedido con el río Dagua.

Llama por tanto la atención que esto haya y siga sucediendo ante los ojos de las autoridades que son o sordas o ciegas o, lo peor y ojalá así no sea, cómplices de estas mafias de exploradores aliados con las guerrillas, las bacrim y vaya saber si hasta con políticos y funcionarios públicos.

En el año 2012 como consecuencia de una acción de tutela presentada por la Procuraduría Ambiental se procedió al cierre de las Minas de El Socorro, labor que se perdió por falta de actuación y control por parte de las autoridades.

Lo de la instalación de un puesto de control forestal por ejemplo, ha despertado una inusitada reacción en su contra por parte de algunos moradores de la región que se oponen a que se revise lo que entra y lo que sale por la vía Venteaderos-Felidia, con peregrinos argumentos como el que no se va a poder pasar material para las reformas de las casas...

Pero sucede que la autoridad del sector es el corregidor del corregimiento de Pichindé de quien se dicen muchas cosas y de las cuales soy mero referente: primero que es irremovible a pesar de que pesan sobre él serias dudas de la misma comunidad.

Se afirma que tiene un estadero-balneario a borde de carretera que colinda con el río y que ha invadido el lugar. Se murmura además -no lo puedo creer- que en su vehículo transporta material químico nada que ver con los insumos de su negocio. Se rumora también que sabe de las actividades mineras ilícitas que se están perpetrando en su región y lo más increíble -y tampoco lo creo- es que sigue tan campante y fresco en su puesto, que nadie se atreve a tocarlo porque -que susto- juran que es muy peligroso.

Este incorregible corregidor debería dar la cara y explicar, como autoridad que es, el por qué es que no dejan que se coloque el puesto de control ambiental. Y si no habla, que la Secretaria de Gobierno del Municipio nos cuente qué es lo que pasa ahí porque que es raro y bien raro así es.

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