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¿Culillo en la ANI?

Marzo 20, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

En medio de todo este cambio del mapa político en que estamos naufragando, en que la corrupción ha tomado las riendas de la gobernabilidad y el posconflicto originará un nuevo panorama electoral de insospechadas consecuencias, nosotros aquí en el Valle seguimos asistiendo a la payasada más inicua que recuerde la historia de nuestras obras públicas.

Se trata del triste y lamentable final de la concesión Ferrocarril del Pacífico en que a la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, le han faltado los cojones para declarar su caducidad y pese a las promesas de su director, ahora vinculado a los escándalos de Odebrecht, no ha movido un dedo, dejando, tolerando y permitiendo que una empresa fantasma sin autorización alguna haya tomado las riendas de tan manoseado contrato, burlándose del Estado y perpetrando -según me dicen quienes laboran en ese engendro- toda suerte de picardías como el no pago de los sueldos y las prestaciones sociales, venta de activos que no son propiedad de la concesión, cuentas embargadas por la empresa Listos a la que le adeudan más de 200.000 millones y manifestación expresa de que no tienen con qué pagar todas las obligaciones que han contraído.

Si aquí no hay un delito y un encubrimiento a la multinacional Trafigura y su cómplice Impala, valiéndose de la empresa paisa que le está sirviendo de mascarón de proa para no pagar la multa de 50 millones de dólares que la tiene súper merecida, que me cuenten una de vaqueros.
El ferrocarril desde y hacia Buenaventura no es un embeleco como si podría serlo la vía Mulaló Buenaventura -que con todo lo que está sucediendo parece que se va a engavetar-.

Lo acabamos de padecer con el derrumbe que obligó a que cientos de camiones generarán un caos vial sin precedentes en las vías de Cali, destruyendo de paso la malla vial que no sabemos cuánto va a costar recuperarla y mucho menos quién y con qué se ve a pagar y quedando -repito mil veces más- en manos de la dictadura de las tractomulas y camiones que no demoran en ‘decretar’ otro paro porque el gobierno no les ha cumplido -y vamos a ver y es verdad-.

Entonces, vuelvo a mi pregunta: ¿Por qué la ANI no ha procedido contra Trafigura, Impala y sus otros secuaces? Me juran que es por físico culillo de que se destape otra olla podrida en la que pudo haber dineros de por medio para la adjudicación de esa concesión.

No de otra manera uno se explica el porqué del silencio de la ANI y el porqué no ha cumplido lo que ha prometido hacer: declarar la caducidad del contrato.

Menos mal que en esto ya no estoy solo: el Comité Intergremial ha tomado cartas en el asunto al igual que la Andi y nuestro periódico El País está haciendo las investigaciones del caso, aunque continúa un silencio oficial que me lleva a suponer que desde arriba les han ordenado: “Cayetana la bocana”. ¿Será porque “en boca cerrada no entran moscas”?

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