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Están lloviendo hasta maridos

Marzo 27, 2017 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Las pertinaces lluvias de estos días han disparado las alertas por cuanto, además de las inundaciones y la caída de los árboles, nos acechan los fantasmas del rebose de Salvajina y el jarillón o la ruptura de la una y del otro.

Sobre esto último se han creado irresponsablemente una serie de comentarios en torno a la inminencia de estos desastres, que de producirse inundarían a Cali por el Sur y por el Oriente, originándose la peor catástrofe de nuestra historia.

Dichos comentarios -cuya autoría se desconoce- han creado un pánico colectivo en las redes sociales en las que se viralizó tal Apocalipsis que ya hay miles de caleños paniquiados porque, la verdad sea dicha, los niveles del Cauca están subiendo peligrosamente y las alertas rojas no se han hecho esperar.

Como es natural, este fenómeno se está padeciendo en aquellas zonas limítrofes de los ríos y quebradas cuyos habitantes están con el agua a los tobillos y con el temor que les llegue hasta el cuello o los ahogue. Así pues que la cosa sí está grave.

Pero no tanto como para desesperarse y es aquí en donde hay que exigirles a esos profetas del desastre responsabilidad y mesura, sobre todo cuando haciendo uso de las citadas redes sociales pueden vaticinar cataclismos y tragedias sin ninguna base científica.

Desmentirlos por tanto, con cifras en la mano, es deber de las entidades que vigilan nuestros ríos tutelares que también andan envalentonados y están en ‘modo desborde’.

Por ello es de aplaudir la estrategia que han adoptado la Secretaría para la Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres y la CVC, saliéndole al paso a tales aseveraciones que han logrado permear incluso a prestantes figuras de la opinión pública y hasta dirigentes empresariales y políticos, estos últimos y como siempre, tratando de pescar en río revuelto o mejor, en río desbordado.

Y lejos de emitir comunicados de prensa, han dado la cara y en este caso la voz, y por los mismos medios utilizados por los pánico-generadores le han contado la verdad a los aterrados ciber-lectores, afirmando que Salvajina no está fisurada, ni está a punto de rebosarse y que el jarillón tampoco.

Las palabras en vivo y en directo de Rodrigo Zamorano y de Rubén Darío Materón -cabezas de las entidades anteriormente citadas- lograron desactivar el pánico colectivo que se estaba generando, utilizando una estrategia novedosa y original y saliéndose del tradicional esquema de las ruedas de prensa y de los medios usuales, en una clara demostración de que existen otras alternativas para informar y comunicarse.

Que está lloviendo y mucho y que es peligrosa la situación, no podemos negarlo. Ya lo sabían los abuelos cuando afirmaban: “Abril y mayo, hasta romper el sayo”. O como decían en Popayán: “Están lloviendo hasta maridos”, lo que alegraba a las patojas que salían a los solares a ver si mi Dios les hacía el milagrito.

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