mario fernando prado

Se salvó la Licorera

Buenas noticias para Cali y el Valle: la vieja sede de la Industria de Licores, frente al Cementerio Central, se salvó.

Luego de varios años de incertidumbre sobre su destino y tras muchas propuestas acerca de su utilización, acaba de decidirse que allí funcionará un Centro de Danza y Coreografía, tal como existe en Tel Aviv (Suzanne Dellal De), en París (104), en Madrid (El Matadero) y en otras ciudades del mundo.

Así, esta edificación que amenaza ruina y que se había convertido en un elefante blanco, será sede de una apuesta como su nombre lo indica, para las distintas expresiones de la danza (no solamente de salsa vive Cali) sino también un espacio para todas las etnias y las culturas y un lugar para el desarrollo de industrias culturales, lo que impulsará además el turismo regional. Ello beneficiará a los 15.000 bailarines reconocidos nacional e internacionalmente, a los habitantes de la Comuna 4 y al resto de la ciudad y el departamento.

‘La Licorera’ -que dicen que así se llamará- constará de seis salas de danza, una zona de acondicionamiento físico, un pabellón polivalente, espacios públicos, como escenarios al aire libre, un teatro cerrado y de arena, restaurantes y hasta doce residencias artísticas.

Semejante obra tendrá un costo de $47 mil millones de los cuales está asegurada ya la financiación inicial y se espera que para finales del año entrante se entreguen las dos primeras fases.

Me preguntarán de dónde saldrá el billete. Pues bien, de una minga entre el Ministerio de Cultura que como saben está en manos de una caleña de raca mandaca considerada la mejor Ministra de Cultura que ha tenido este país -no en vano lleva siete años en su cargo y está súper ranqueada en el gabinete Santos-.

También del bolsillo de la Gobernación del Valle en donde Dilian, que es diciendo y haciendo, le metió el hombro y la Alcaldía Municipal que con gran entusiasmo se sumó a la idea.

Creo que el legado de la mincultura, Mariana Garcés Córdoba, para con su terruño debe llevarnos a reconocer su aporte sin antecedentes para con la cultura de nuestra región. De pocas palabras, ajena a los servilismos políticos y a las figuraciones mediáticas, “pan pan, vino vino”, es mucho lo que le tenemos que agradecer.

Y si de gratitudes se trata, tengo una propuesta para hacer que creo tendrá el mejor recibimiento: en materia de cultura, la región tiene también una deuda incancelable con una persona que ha dedicado su vida a esos menesteres y de ello pueden dar fe la ciudad y el Departamento enteros.

Aunque se moleste por lo que voy a proponer, creo que este Centro de la Danza debe llevar su nombre. Se trata de Amparo Sinisterra de Carvajal. No hay una sola persona que sepa de su labor y trayectoria que pueda opinar que no. Además, los reconocimientos deben hacerse en vida y como ella nos va a enterrar a todos, pues no esperemos al siguiente siglo para esculpir su nombre en la arena... de este magno complejo cultural.

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