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El umbral de fuego

Marzo 15, 2017 - 11:30 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

La novela El umbral de fuego es saga genuina del narcotráfico colombiano y su historia recóndita, inédita, en ciudades de Estados Unidos, escrita por Eduardo Márceles Daconte, quien después de muchos años de residencia en Nueva York, habita hoy los vientos de Salgar, frente al mar y en la vecindad de Barranquilla.

Eduardo, como inmigrante y conocedor profundo de una ciudad como Nueva York, encontró la nuez narrativa en este tema literario tan trajinado por una nueva generación de autores colombianos.

Tuve la fortuna de ser el primer lector de esta novela. Fue por allá, hace más de 14 años en los Estados Unidos, cuando recibí el embrión de esta historia que hablaba de asfaltos húmedos, de gentes forrada en gruesos abrigos, de semáforos que parecían “enjambres de luciérnagas erráticas”. Eduardo Vivía entonces en el Lower East Side de Manhattan, el mismo lugar que los latinos llaman ‘loisaida’, y yo en la capital de Nueva Inglaterra. Para mí, ir desde Hartford a su casa, significaba siempre una experiencia regocijante. Debo decir que entonces esta, su casa, se convirtió en un consulado ad honorem de artistas colombianos en Nueva York. Habría que preguntar quién de la escena artística y periodística de Colombia, no pasó por la gentileza de su hogar siempre atento al recién llegado. Puedo recordar ahora las fiestas, y ahí, Miguel Falquéz Certaín, el fotógrafo Nereo, David Sánchez Juliao, y también su amigo y vecino entrañable, el cantante nuyorriqueño, Henry Fiol. La literatura y la música subían por las paredes de aquel edificio donde Eduardo estaba siempre atento a lo que ocurría en las artes y el periodismo colombiano. Desde ahí, escribió un extraordinario volumen que consagra la obra de pintores colombianos; las Artes Visuales en el Caribe y en la región Andina; desde ahí, visitó China, como asesor del diccionario chino-español, promovió encuentros de poesía en el Consulado de Nueva York, y juntos emprendimos la aventura de escribir en el primer portal hispano de Nueva York, en internet: El Puente latino. Con otro puñado de colombianos hicimos el diario Hoy de Nueva York, con sede en Queens, competencia entonces del diario La Prensa.

En 1984, la editorial Oveja Negra publicó su libro de cuentos ‘Los perros de Benares y otros retablos peregrinos’. Puedo recordar ahora una fiesta de disfraces en Manhattan, donde, poco después del derribamiento de las torres, cometí la locura de disfrazarme como Bin Laden. Antes de llegar a casa de Eduardo, las miradas me acribillaban por la calle; venía así, con traje talar y barba, desde Grand Central Station. Al subir a su piso, me tranquilicé, pues mi locura estaba compartida. Lo encontré bailando su melodía favorita, ‘Oriente’ de Henry Fiol, ataviado como Yasser Arafat.

En el verano de 2004, por petición suya, tuve el honor de presentar su libro ‘Azúcar’, la biografía de Celia Cruz, en la Librería Barnes & Noble de Manhattan.

Aquí encontramos historias que parecen soslayadas desde los bares de la Colombia en los años 70 y 80, cuando muchos compatriotas entraban al norte por Bahamas, por Bimini, en yates, disfrazados como pescadores ricos.

Todos sus personajes, lugares, están en el tejido de su propia vida; como aquel lugar que en la novela se llama ‘La rumba’, el sitio frecuentado por el periodista que sucumbió a un hospital siquiátrico, o el corresponsal aventurero en Centroamérica, el fotógrafo que se recreaba con mujeres bellas en atmósferas bizarras, o la atmósfera de ‘La sombrilla’, aquel edificio de inmigrantes caracterizado en el paisaje de Manhattan por tener en cada una de sus ventanas, sobrillas viejas abiertas, sombrillas de colores, parapeto de una dolorosa realidad. Existe en el libro una música de fondo, con un personaje, Lorenzo Centeno, que hace carrera en la mafia. Una mirada diferente a la migración colombiana.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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