medardo arias satizabal

Música vallecaucana

Escribir la historia de la música en cualquier región del mundo, compromete una intención poética, la misma que llevó a Enrique Millán Gómez, desde su estro, a investigar en los anales de esta región de Colombia para saber cuál ha sido el devenir de esta, una de las más altas expresiones del arte.Lo ha hecho como quien pulsa una guitarra y se da a hacer en sus cuerdas esos florilegios que tanto amamos quienes somos dados a escuchar el tiempo en la boca de un diapasón.Reconozco en Millán la sencillez del artista, empeñado, no obstante, en la diaria criba de sus propósitos estéticos, en esa lectura total del universo a la que no son ajenos los espíritus valerosos. Concertista, compositor e investigador, requirió de la paciencia del profesor para completar este libro, ‘Memorias musicales del Valle del Cauca’, en el que compila el acervo, de manera prolijamente ilustrada, desde los Calima y la música ancestral, hasta las epifanías de Santiago Velasco Llanos, el Mono Núñez, y las expresiones urbanas que cantan desde la salsa o el currulao.De la mayor importancia en este volumen, las canciones y coplas populares de Jorge Isaacs, las cuales pueden equipararse con los versos sencillos del cubano José Martí.“Como hay en el mar arenas/ hay en mis melancolías/ todo soy/ todo agonías/ corazón lleno de penas…”, dijo Isaacs; “Tiene el leopardo un abrigo/ en su monte seco y pardo/ yo tengo más que el leopardo/ porque tengo un buen amigo…”, cantó Martí. “Te quiero como a mis ojos/ como a mis ojos te quiero/ pero más quiero a mis ojos, porque mis ojos te vieron…” escribió Isaacs; “cultivo una rosa blanca/ en mayo como en enero/ para el amigo sincero, que me da su mano franca”, ripostó Martí.Por su libro, conocemos ahora la Banda Tradicional Vallecaucana que dirigió el maestro Julio Cuadros en el Siglo XIX; pero también podemos acercarnos a la obra de Edmundo Dante Arias Valencia, el compositor tulueño que dejó para la historia obras como ‘Ligia’, o el bolero ‘Evocación’.Aquí, por estas páginas, discurren Peregrino Galindo, Marco Rayo, Pedro María Becerra, Antonio María Valencia, Jerónimo Velasco González, Alberto Guzmán Naranjo, Luis Carlos Figueroa, Francisco Vergara, Martha Lucía Calderón, Alba Estrada, Carlos Villa, Claudia Calderón, Emperatriz Figueroa, Pedro Morales Pino, Héctor González, Ricardo Cobo Sefair, Clemente Díaz, Alfonso Castillo, Gustavo Sierra Gómez, Diego Estrada Montoya, Mario Gómez Vignes, Jairo Varela, entre muchos otros que hoy dan lustre a la música vallecaucana.La realización de este libro fue posible gracias al apoyo de Manolo Suso, Armando Barona Mesa, Adolfo Vera Delgado, Leonardo Medina Patiño, Humberto Botero Jaramillo, María Helena Quiñonez, Olga Sefair de Cobo, Blanca Ruth Garcés Salcedo, el Museo de Arte Colonial y las Hermanas, Misioneras Agustinas Recoletas. También contó con la participación del extinto poeta de Barbacoas, Fabio Arias Figueroa, quien tuvo a su cargo la corrección general del volumen.Brindemos pues por este nuevo suceso cultural, referencia obligada, desde hoy, para historiadores, estudiantes, profesores, que deseen conocer cuánta música puede producir esta tierra besada por innumerables ríos musicales. Como anotó Don Juan de Castellanos en su Elegía de Varones Ilustres de Indias, “tierra buena, tierra buena que pone fin a nuestra pena, tierra bastecida de oro, tierra para hacer casa…”.

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