melba escobar

Las reglas del juego

Se pueden llamar liberales o conservadores, izquierda o derecha, guerrilla o paras. En todos los casos el balance contable es el mismo: vendettas, señalamientos de lado y lado, cuentas de cobro, enemigos viejos que se van sumando a los nuevos en un difícil tablero de cuentas con bajas de partidos diversos. Pero eso no lo vemos. Solo vemos las bajas de un lado, de un bando, del nuestro, al que arbitrariamente pertenecemos. ¿Y las otras? ¿Las del lado contrario? Esas no.

Y no las vemos porque hay que escoger, situarse de un lado único del tablero, sumar solo las pérdidas de este lado, del nuestro, ignorar las contrarias, desconocerlas, negarlas, en caso determinado alegar un complot, una persecución. Negar, negar, negar. Solo un lado puede tener la razón. Punto. El juego no consiste en la imparcialidad, tampoco en la verdad, no es de eso de lo que se trata sino de todo lo contrario. Se trata es de ganar y para ganar hay que echar mano de una que otra mentirilla.

Si nos sale un color, por ejemplo el rojo, entonces todo lo que haga el azul estará siempre mal. Fin. ¿Fácil, no? Para transmitir este mensaje de que todo lo que hace el contrario está mal, vale gritar, vale lanzar arengas, sí, bueno, usar armas también, pero eso no es para cualquiera, el ciudadano común basta con que utilice todo el aparato discursivo y se apoye en la posverdad. Con eso es suficiente. Hoy la gente se cree cualquier cosa. Eso es una ventaja. Inventen sin contemplaciones, ya verán como les comen cuento.

Ahora para los políticos en el juego: hay que seguirle la cuerda a la opinión. Hacer creer que uno piensa como ella. Por ejemplo, nadie está hablando de los líderes sociales asesinados, entonces no toquemos ese tema. ¿Para qué? Lo que el pueblo no ve como un problema, no es un problema. Ahora la gente ya no quiere hablar de paz, no mencionen el asunto, no es popular.

El caso es que sí, se desmovilizaron las Farc y ahora parece como si la guerra hubiese dejado de ser un problema. Llevémosles la cuerda. Si no quieren hablar de paramilitares, pues no hablemos de paramilitares. Si no quieren hablar de Bacrim, ni del ELN, pues no hablen de eso. ¿Entendido?

Por ejemplo, mucha gente anda ofendida porque ‘Timochenko’ sea candidato. ¿Pero no han visto que ni siquiera aparece en las encuestas? ¿Que no tiene ni la más remota posibilidad de llegar? Pero déjenlos. No les paren bolas. No van a desgastarse ahora explicándoles que no tiene ninguna opción y que tolerarlo es un gesto mínimo de respeto a los acuerdos firmados.

¿Para qué sirve hablar de eso? Esa cháchara déjensela a los profesores en las universidades. El punto aquí y ahora es ganar. GANAR. No van a mencionar qué pasó con los candidatos de izquierda y de centro en los 80. Para qué. Nadie quiere recordar que a Jaime Pardo Leal lo mataron en 1987, a Luis Carlos Galán en 1989, y a Bernardo Jaramillo y a Carlos Pizarro, en 1990.

Así, candidatos de derecha, sigan adelante con el cuento del castrochavismo, que la gente se asusta y eso les trae votos. Y a los de izquierda, sigan hablando de latifundios, oligarquía, y distribución de la tierra y la riqueza. Como vamos, vamos bien. Al final de cuentas, nada hemos cambiado en los últimos dos siglos y, por lo tanto, las reglas del juego tampoco.

Sigue en Twitter @melbaes

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