miky calero

La verdad absoluta

No existe, no hay una sola verdad absoluta, ni en la política, ni en la religión, ni en la ciencia, ni en lo cotidiano, todo depende de los ojos o la educación con la que se mire. Para un daltónico el color es distinto que para uno que no lo es, para un monje el sexo es pecado y para un politiquero la transparencia no existe. Hay tantas verdades como la variedad en razas, colores y sabores que el creador hizo y hay tantas maneras de acercarse a Él/Ella.

Pretender que uno tiene la verdad y que los demás están equivocados es algo pretencioso que solo obedece al ego y a la soberbia humana que está llevando a la humanidad a la polarización, tan extrema, que pone en riesgo su supervivencia.

En las religiones es donde más se tiende a descalificar, juzgar y dividir. Es muy triste porque eso está lejos de la verdadera espiritualidad. El camino que yo escoja puede ser distinto al suyo pero eso no me da derecho a pensar que el equivocado es usted, al contario, en una verdadera espiritualidad yo respeto su verdad como quisiera que su merced lo haga conmigo.

Si Dios hubiera creado una solo verdad no habría hecho tanta variedad de seres humanos, ni tantos diferentes colores, climas y gustos. El que yo sea más alto o blanco no hace que lo distinto sea mejor o peor. Para unos Dios se llama Jehová para otros es Alá. Hay cristianos, hay musulmanes, también budistas y judíos. Todos tienen su propia verdad pero no la verdad absoluta porque ella no existe.

Para muchos políticos el señor Álvaro Uribe es el único poseedor de la verdad, para otros es Petro, dos extremos. A otros nos gusta el camino del medio, no solo es blanco o negro, hay azul, naranja y, ¡qué tal la belleza del verde!

En fútbol, soy del Cali, pero celebro cuando gana la Mechita, me gusta Messi no tanto Cristiano Ronaldo y en los mundiales les hago fuerza a los equipos más chicos. Soy rockero pero me gusta la gente que oye música clásica.

Lo que me gusta a mi (puré de papas) no necesariamente le guste a usted. No como pimentón se los regalo todos, me fascina el mar, seguramente a usted la montaña.

No me pongo bravo por eso, celebro que a usted le guste lo que le gusta y estoy seguro que usted se pone contento cuando me ve disfrutar lo que a mí me gusta. Celebro lo que usted escogió: pensar en pollita, en religión, en fútbol, lo invito a que celebremos juntos. Así nos volveremos una sociedad tolerante, inclusiva y respetuosa, una humanidad grande donde cabemos todos.

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