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Brexit: divorcio a fuego lento

Marzo 31, 2017 - 11:55 p.m. Por: Muni Jensen

Esta semana el Reino Unido empezó a dar los primeros pasos legales para salir de la Unión Europea. Los ingleses, que votaron por el controvertido Brexit en el referendo del pasado mes de junio, desataron un período de negociación de salida que históricamente no tiene precedentes. La base legal en el Tratado de Lisboa, que se firmó entre los países miembros en de la Unión Europea en el año 2009 con el fin de convertir a la Unión en un grupo “más democrático, transparente, y eficiente”. El artículo 50 del tratado, que se activó con mucha cobertura de prensa el día 29 de marzo, plasma en un proceso de 5 pasos las reglas de juego para irse del grupo, y marca el punto inicial de las discusiones entre los países restantes para otorgarle su tiquete de salida. El Reino Unido puede durante este tiempo, que puede ser de varios años, continuar actuando como país miembro, salvo en las discusiones sobre su propia salida.

Mientras tanto, la primera ministra Teresa May, no la tiene fácil. Su promesa de “tomar nuestras propias decisiones y hacer nuestras propias leyes” se ha encontrado con los países miembros de línea dura. May no solo debe convertir miles de leyes de la UE en leyes británicas, sino repatriar todo el poder de Bruselas nuevamente a Londres. Y ya tuvo su primer golpe de realidad cuando sus intentos de empezar muy pronto las conversaciones comerciales con la de su país UE fueron contundentemente rechazados. Dentro de los países miembros, parece estar reinando un discurso confrontacional por encima de una separación amigable. Para May esto supone plazos más largos y un desgaste político que podría empañar su mandato.

La sensación general es que, si bien el Brexit no es necesariamente una sentencia de muerte para la economía inglesa, ni dejará a los dos millones de estudiantes y trabajadores ingleses que viven en la UE sin techo de la noche a la mañana, ni creará un efecto contagio inmediato entre otros países de la unión, sí es un proceso más complicado de lo que parecía en junio.

El impacto del Brexit podría también servir como un golpe de oxígeno a la ideología de centroderecha en Europa. Los 27 países restantes, enfrentandos al reto de esta transición, reunidos este fin de semana en Malta, hablaron poco de los ingleses y mucho de la recuperación económica y de cómo crear una oposición firme contra el populismo. El entusiasmo veraniego del “leave”, los discursos triunfales de sus proponentes, y los envalentondados políticos en Grecia, Francia, Italia, con banderas independentistas y llamados al aislamiento, quizás tengan que cambiar de tono, al caer en cuenta de las implicaciones de la salida inglesa. Un resurgir de confianza en el proyecto europeo y un rechazo a la ola anti-establishment apuntan a una nueva etapa para el continente, y podría convertirse en un movimiento del péndulo hacia el centro político.

Mientras tanto, la tarea inicial de las partes, Reino Unido y la Unión Europea, será reducir la incertidumbre y la falta de reglas de juego para los negocios. Vendrán un par de años de altibajos, negociaciones, posturas públicas y maniobra regional como cualquier proceso de separación de pareja, familia, o negocio. Pero como ocurrió con el divorcio del Príncipe Carlos y la Princesa Diana de Inglaterra, a éste lo está mirando y comentando el mundo entero.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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