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¿Hay marea anti Trump?

Marzo 17, 2017 - 11:30 p.m. Por: Muni Jensen

Los movimientos populistas de extrema derecha en el mundo entero celebraron la victoria de Donald Trump, seguros de que el mundo debía prepararse para una ola mundial de nacionalismo neoconservador. Dentro de los nuevos partidos en Europa se fortalecieron aquellos candidatos con discursos similares, impulsados por el descontento con la política tradicional y el espíritu de lucha contra los inmigrantes, pero sobre todo contra el establecimiento. La ola de refugiados, la amenaza terrorista, y las economías sin crecimiento sirvieron de combustible para el fortalecimiento de los ‘trumpistas’ del viejo continente. Hechos como la votación a favor del Brexit, el avance de los candidatos nacionalistas en Europa, y el desprecio público ante los gobernantes prometían la destrucción del centro político. El efecto Trump parecía contagiar al mundo. Pero algunos hechos recientes demuestran que el fenómeno podría ser más un virus pasajero que una epidemia mundial.

Las primeras señas de un contragolpe al trumpismo se manifestaron dentro de Estados Unidos. El impulso de las protestas ciudadanas tras las elecciones crearon un núcleo profundo de descontento, un marcado movimiento feminista, esta vez con claros elementos de crítica social y no sólo de género, y una enérgica oposición de la prensa tradicional, en particular desde las páginas editoriales, a las agresiones de Trump y a sus amenazas a la libertad de expresión. Estos tres fenómenos se han convertido en semillas de transformación social. El número y frecuencia de las manifestaciones en los auditorios de todos los rincones del país, más que hechos aislados, apuntan a un realineamiento político en Estados Unidos, parecido desde el ala demócrata al llamado Tea Party que desde la derecha cambió la historia del Partido Republicano. Las etiquetas #neverTrump, #notmypresident, y #Resist, toman forma más allá de las redes sociales y obligan a los políticos de ambos partidos a ajustar sus discursos frente a la indignación de sus votantes.

En el resto del mundo también hay señas de resistencia. La muestra más reciente fue el resultado de las elecciones en Holanda, donde el ‘Trump europeo’ Geert Wilders y su partido de la libertad (PVV) fue derrotado por la centro derecha del Primer Ministro Mark Rutte, quien mantuvo la mayoría. Ayudado por niveles de participación política históricamente altos, se demostró en votos el rechazo de los holandeses al alineamiento de Wilders con el presidente de Estados Unidos, y su pobre reputación internacional. Los resultados holandeses han llevado a publicaciones como ‘The Atlantic’ a afirmar que “la derecha extrema europea es muy buena para Trump, pero hay señales crecientes de que Trump no es bueno para la extrema derecha europea”.

Tal vez sea pronto para declarar el fin del fenómeno en Estados Unidos, y para señalar un efecto contagio del anti-Trumpismo en Europa. Pero en Estados Unidos, los tropiezos del equipo de gobierno de Trump y sus salidas en falso ante los temas principales de su agenda como la salud y la inmigración empiezan a preocupar a los representantes de ambos partidos. En un país donde se castiga la incompetencia en todas sus manifestaciones, los errores novatos de Trump empiezan a erosionar el entusiasmo de su base. Y Marine le Pen, nacionalista de derecha en Francia tiene aún posibilidades de triunfo en las elecciones de abril, pero el socialdemócrata Macron le pisa los talones. En el país vecino, el partido nacionalista Alternativa para Alemania empieza a perder fuerza. Puede ser pronto para declarar el fin de la marea Trump. Tal vez lo único que se puede afirmar con contundencia es que el descontento general de los ciudadanos con sus gobernantes ha cambiado para siempre la política en ambos lados del Atlántico.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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