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Mejor cambiar de tema

Marzo 03, 2017 - 11:55 p.m. Por: Muni Jensen

Pasan las semanas y Donald Trump sigue tapizando los periódicos y las televisiones. Se abre un debate mundial sobre el discurso que pronunció el martes pasado ante el Congreso de su país, donde por primera vez parecía lo que llaman ‘presidencial’. Ese concepto, en un mundo nuevo de bajas expectativas, significa que no insultó ni expulsó a nadie del recinto, ni le declaró la guerra a Australia. En Estados Unidos, las cortinas de humo se solapan entre sí, y mientras crece la controversia por las comunicaciones del fiscal Jeff Sessions con el gobierno ruso, quien negó bajo juramento tal contacto en su audiencia de confirmación, la esquizofrenia americana se manifiesta en las bolsas, al alza, y en las calles, con rabia. Pero ya basta de Trump, de sus infrecuentes aciertos y sus constantes llamadas de atención. Qué cansancio.

Basta una mirada rápida a Europa para poner en perspectiva el tamaño del escándalo político americano. Los franceses, que según la revista The Economist están viviendo una “nueva revolución”, son testigos de la caída de los dos partidos que han permanecido en el poder desde 1958. La insurgencia política, cuya cara desde la derecha nacionalista es Marine le Pen, se aprovecha de la debilidad de dos ‘Francois’: el desprestigiado presidente socialista Hollande, y de el candidato republicano Fillón, bajo la lupa por inventar cargos pagados con millones públicos para su mujer y sus hijos. Pero la propia Le Pen también enfrenta investigaciones de corrupción, y más recientemente su pérdida de inmunidad legal al ser acusada de publicar fotos gráficas de actos terroristas por Twitter. Una voz nueva desde la izquierda insurgente, Emmanuel Macron, no ha tropezado aún, pero tampoco acaba de convencer. Las extraordinarias elecciones de abril, con segunda vuelta en mayo, no tienen ganador seguro, pero sí hay la certeza de que tendrán implicaciones en todo el continente, y podrían señalar, o bien un resurgir de la Unión Europea, o su eventual sepultura.

México con su costal de problemas, y un Brasil con investigaciones interminables a los políticos de todos los colores, son juego de niños comparados con el caos venezolano. Para Colombia, consuelo de tontos. En este país, el escándalo de Odebrecht, las alarmantes pero poco sorprendentes cifras de incremento de cultivos de coca (y la tardía indignación de Estados Unidos); las encuestas que reflejan el pesimismo y desconfianza general, y el inicio temprano de la campaña electoral, casi logran opacar líos más grandes como los tropiezos de la economía y las complicaciones del postconflicto. Un panorama lleno de mentiras, incertidumbre, y rabia.

Pero es fin de semana, hora de pensar en tonterías. En los colores del Carnaval de Barranquilla, los videos de perritos en Facebook, los cerezos en flor en Washington, la película La La Land, y los conciertos de salsa, de Fito Páez y de Coldplay. Por suerte existen, aún en medio de tanta zozobra, los brownies con helado, los pandebonos y las paletas de mango viche, y algunos primos que nos hacen morir de risa. No se detienen por las crisis políticas los problemas del corazón de los hijos ni sus cambiantes logísticas de los viernes. No desaparecen los gestos de amistad inesperados, una llamada desde lejos, una pelota para azotar. Algún discurso inspirador que llega al ‘chat’ de los compañeros de colegio cobra más valor cuando el panorama se oscurece. Ni la corrupción, ni las mentiras políticas, ni siquiera la amenaza de disolución de los continentes, puede contra la risa, la familia, una mesa ruidosa, y una buena canción.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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