ode farouk kattan

El ahorro popular

Es incomprensible e inaceptable que la Junta Directiva del Banco de la República no tome en cuenta en el sube y baja de las tasas de interés de referencia su posible efecto negativo sobre el rendimiento de los intereses en el ahorro popular.

El ahorro popular existe desde hace muchos años como un virtuoso esfuerzo económico que hace la población para guardar algo de su ingreso, no para acumular riqueza, sino para atender alguna de las múltiples necesidades que se presentan en la vida cotidiana, que cada vez son más presentes a medida que el ingreso poblacional se contrae en relación a las costosas vicisitudes que aumentan mientras que la vida se complica. Es el dinero de la supervivencia en caso de necesidad.

Así las cosas, la tasa de interés que se pague en los esquemas de ahorro no es especulativa, ni dañina para la economía, sino más bien un esquema de tranquilidad, comprobado por el hecho histórico de que cuando a las gentes se les disminuye o acaba el colchón de su tranquilidad se producen casos de zozobra que perturban el ambiente social.

Cosa distinta es controlar las tasas de interés para que no se conviertan en destructoras de la economía social integrada, cosa que Colombia recuerda con desazón cuando el famoso episodio del Upac, cuando miles de familias perdieron sus casas y empresas se quebraron por una ruinosa espiral en las tasas de interés, cuyo origen no ha podido encontrarse en nada distinto a una dosis de estupidez financiera.

Pero para llegar al punto en que las tasas no sean tan altas que quemen al santo ni tan bajas que no lo alumbren, el Banco de la República tiene que dejar de acudir a discursos engañosos como subirlas o bajarlas para presuntamente estimular la economía o frenar la inflación, pues estos fenómenos no necesariamente se presentan porque los interese estén altos o bajos, sino porque se cometen pésimas decisiones gubernamentales en el cada vez más complejo escenario de manejo que significa una economía muy variada que carga con errores, muchas veces plasmados en leyes o decretos, presuntamente corregidos, pero con otros errores, cada cambio de gobierno o de ministros o exigencias del préstamo internacional de oportunidad.

Es claro que con la diversidad que tiene nuestro crecimiento pueda haber diferentes tasas, como las hay, por ejemplo, para la construcción, pero las tasas de interés deben contemplar la diversidad del uso del dinero pues el de unos no es el mismo que el de otros, como ocurre con la estimulación del gasto para dinamizar las compras a crédito y poder alardear de bonanza para luego ver la curva de morosos flecha arriba, cayendo en cobros a la tasa de usura que por su mismo nombre es pecaminosa.

Si el Gobierno no sabe qué hacer ante una coyuntura difícil, que no lo haga jugando noticiosamente al ‘yo yo’ con las tasas de interés del ahorro popular.

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