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El país de 'Miñía'

Marzo 23, 2017 - 11:55 p.m. Por: Ossiel Villada

María Elena Bazán. Puesto así, a secas, es un nombre que no dice nada. Pero basta ponerlo en Google para saber que detrás de él hay una dolorosa realidad a la que este país se ha venido acostumbrando como si fuera la cosa más normal: la de la violencia contra la mujer.

María Elena es la esposa del futbolista Pablo Armero. Supimos de ella el año pasado, cuando él la agredió físicamente en una habitación de un hotel de Miami, al parecer porque no accedió a una relación sexual. El futbolista fue arrestado, pero una semana después ella anunció que lo perdonaba porque “lo extrañaba”.

Lo que sorprende no es que María Elena, a pesar de la golpiza y la ‘mechoneada’ de la que fue víctima, haya decidido perdonarlo. Millones de mujeres colombianas ni siquiera son conscientes de que fueron criadas y educadas para sustentar y replicar el modelo patriarcal sobre el que fue construido este país. Son víctimas del látigo brutal del machismo, pero ni siquiera lo saben.

Lo que realmente sorprende es que todavía hoy haya quién piense que eso es normal. Y que lo justifique con los argumentos más absurdos que puedan concebirse. En este caso, el del fútbol.

En las redes sociales abundan los comentarios de gente que cree que está bien haber premiado a Pablo Armero convocándolo a jugar nuevamente en la Selección Colombia.

“Cualquiera comete un error y no se le puede condenar”, dicen. Pero nadie ha pensado en María Elena Bazán. En lo que sintió y lo que siente. En cómo se ve y cómo se valora. Ella fue la víctima, y tal vez lo haya sido en otros episodios que no conocemos, pero a nadie le importa. Para este país ella no existe. Es invisible, como tantas otras mujeres agredidas por sus compañeros. El que importa es él.

Para muchos, una cosa es que él sea un hombre maltratador dentro de su casa. Y otra muy diferente que sea un futbolista carismático dentro de la cancha. Lo primero no tiene ninguna relación con lo otro, aseguran.

Para gran cantidad de colombianos hay que echarle tierra al asunto porque ‘Miñía’ solo es un “loquillo” que cometió un pequeño desliz y en este momento la Selección Colombia lo necesita con sus payasadas y su experticia en el baile de la Salsa Choke.

Parece increíble, pero es cierto. Lo dicen con todo el desparpajo del mundo, en el nombre del fútbol. Como si el año pasado la violencia intrafamiliar no se hubiera disparado un 20% en este país, alcanzando la cifra récord de 49.712 casos, en su gran mayoría mujeres.

Lo dicen como si fuera lo más normal del mundo llegar ebrio a reclamarle sexo a la mujer, y en caso de que ella no acceda, cogerla como una yegua a arrancarle el pelo.

Como si no importara que el año pasado 15.082 colombianas fueron víctimas de violencia sexual, y más del 62% de ellas resultaron ser niñas de entre 5 y 10 años de edad. ¿Alguien se acuerda de la pequeña Yuliana Samboní en estos días de pasión futbolera?

¿Quién nos asegura que muchos de los 122 feminicidios que hubo el año pasado en Colombia no empezaron a gestarse cuando ellas dijeron que no a un rato en la cama?

Estamos muy extraviados si creemos que la violencia que se ejerce contra las mujeres dentro de tantos hogares no es un delito, sino un problema “de la vida privada en el que nadie se puede meter”, como dice Armero en su defensa.

El país de 'Miñía' está muy perdido si piensa que en nombre del fútbol hay que perdonarlo todo.

Como a tantos colombianos, la Selección me llena de orgullo. Y quiero que gane siempre. Pero no a ese precio. No me vengan con el cuento de que aquí nadie tiene autoridad moral para juzgar a Armero.

Yo sí tengo claro que el yugo del machismo persiste y se extiende porque todos participamos en él. Y que para combatirlo todos debemos cambiar de actitud.

No quiero que ninguno de los niños que admiran a los jugadores de la Selección Colombia crezca creyendo que, después de que juegue bien al fútbol, no importa si papá le pega a mamá. Y no quiero para mis hijas un país en el que un gol vale más que una mujer. Así no, gracias.

(... Y al fondo, dedicada a Pablo Armero y su esposa, suena la melodía de 'Malo' - Bebe, 2004)

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