paola gomez

Rompieron el silencio

‘The Silence Breakers’, las voces que rompieron el silencio. El mensaje impreso en la portada de la influyente Revista Time, con mujeres que denunciaron el acoso sexual laboral del que fueron víctimas, reconoce el que ha sido el movimiento más poderoso del 2017: #MeToo.

La imagen impacta: aparecen ellas con una postura de fortaleza. Ashley Judd, la primera actriz en desenmascarar al productor de Hollywood Harvey Weinstein; Taylor Swift, la exitosa cantante que denunció al dj que la acosó en 2013; Susan Fowler, ingeniera de Uber, acosada por el director ejecutivo de la empresa; Adama Iwu, lobbista que recogió firmas para evidenciar el acoso en el Capitolio de California, e Isabel Pascual, la mexicana, recogedora de fresas, que denunció también esta práctica en el sector agrícola.

Aclara la revista que el reconocimiento es también para quienes denunciaron acosos a hombres, de los que se le señala al actor Kevin Spacey, por ejemplo, y otros casos que empiezan a conocerse.

¡Bravo! Solo puedo sentir admiración por quienes fueron capaces de denunciar las atrocidades que por años cometieron los poderosos. ¡Bravo! por quienes expusieron su intimidad para conmover a una sociedad complaciente con el victimario e inquisidora con la víctima.

Siempre ha sido así: buscamos la culpa en el vestido alto, en la sonrisa coqueta o en las ganas de triunfar. Ahora hay quienes se preguntan ¿por qué no los denunciaron antes? Pregunta tan pertinente como indolente, porque si hay algo de lo que le cuesta hablar a una mujer es de cómo se rompen los tejidos de su intimidad. Por eso hay mujeres violadas que guardan silencio por años, por vergüenza.

Algo está cambiando en este mundo. No para caer en el absurdo de pensar que las mujeres son ángeles inmaculados. Pero por Dios, tengamos el valor de reconocer que ellas son más vulnerables a la violencia de género, la discriminación y la inequidad, y que es cruel desconocerlo.

Lo que estamos viviendo es una segunda Revolución Femenina, donde no estamos dispuestas a callar más frente a los abusos y la invisibilización. Por eso hablaron las escritoras discriminadas en el año Colombia- Francia; por eso hablaron mas fuerte las familias de víctimas de feminicidios y las abusadas de la guerra.

Algo está cambiando y no estamos dispuestas a ceder un paso en este largo camino que implica derrotar la violencia de género (de mujer a hombre también).

No es una guerra de sexos, señores, los amamos, los admiramos, los respetamos. Y por eso los necesitamos de nuestro lado, y nosotras, del suyo. Y que no haya más acosos ahogándose en las gargantas y en el alma. Por eso hoy digo una y mil veces: gracias a ese puñado de voces que con el #MeToo rompieron el silencio. 

Sigue en Twitter @pagope

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