patricia lara

La Revolución con hierba

Una gran fotografía de la campesina Blanca Riveros, en su casa de Corinto, Cauca, podando una ramita de marihuana, mientras su niño mira un computador, ilustra la primera página de The New York Times del viernes y acompaña un artículo titulado, “Después de luchar años contra las drogas, Colombia se une al comercio de marihuana”.

La crónica cuenta que cuando se firmó la paz con las Farc, la campesina se preguntaba con angustia: “¿Y ahora cómo voy a mantener a mi familia?”. Sin embargo nunca imaginó que, muy pronto, iba a hacerlo cultivando marihuana con la aprobación del gobierno.

En efecto, la compañía canadiense PharmaCielo está trabajando en el desarrollo de la producción legal de hierba. Y, según el diario, el ministerio de Salud va a otorgarles licencias a otras empresas pequeñas para que hagan lo mismo.

The New York Times comenta que en México y Afganistán se sustituían siembras de amapola por cultivos de trigo, y de coca por café. Pero jamás se había visto que un gobierno reemplazara un cultivo ilícito, que había sido protegido por una organización criminal, como eran las Farc, por el mismo cultivo, pero producido legalmente y, además, vendido a empresas multinacionales.

“Aquí tenemos una oportunidad completamente nueva”, le declaró al diario newyorkino el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, quien agregó que los intentos hechos en Colombia para sustituir cultivos ilícitos por otros tradicionales han fracasado, porque los campesinos han ganado menos dinero, el desarrollo rural ha retrocedido y algunos han vuelto a las siembras prohibidas. En cambio ahora, anota Gaviria, las drogas legales pueden convertirse en un instrumento económico importante en la Colombia del postconflicto.

The New York Times cita a funcionarios del gobierno colombiano que afirman: “En las últimas décadas, las guerrillas se dedicaron al narcotráfico y financiaron el conflicto mediante impuestos a la marihuana y a la cocaína. Ahora la lógica sería: ¿Qué tal si esas utilidades se pusieran en manos de los campesinos y del gobierno?”.

Dice el periódico que la empresa PharmaCielo, dirigida por antiguos funcionarios de Bayer y de Phillips Morris, está probando cepas nuevas de cannabis, que son mucho más potentes que las que se cultivaban en épocas de las Farc. PharmaCielo ya firmó un acuerdo con una cooperativa de trabajadores en Corinto, para que le provean fuerza laboral. Y su gerente en Colombia, Federico Cock Correa, quien sembraba crisantemos y dice que su cultivo es similar al de la marihuana, promete pagarles a los productores bastante más dinero del que les daban durante la guerra.

Semejante revolución se está realizando en virtud de una ley expedida en el 2015, que permite en Colombia el cultivo de marihuana con fines medicinales, tanto para el mercado doméstico, como para el internacional.

Así que bienvenida la era de la industria farmacéutica de marihuana. Felicito al ministro Alejandro Gaviria por impulsarla. ¡A él cada vez lo admiro más por sus posiciones honestas y valientes!

Ahora les toca a los colombianos ponerse las pilas para que sean sus empresas, y no las extranjeras, las que desarrollen ese lucrativo negocio, que bien puede solucionarles la supervivencia a muchos campesinos de las zonas donde se libraba el conflicto.

Eso sí, duele demasiado pensar en lo idiota que fue la lucha contra la marihuana; en cómo corrompió nuestras instituciones; y en cuántos colombianos dejó inútilmente muertos.

(Ojalá en el caso de la coca aprendamos pronto esa lección).

Sigue en Twitter @patricialarasa

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