patricia lara

Palabras inspiradoras

El padre Pacho De Roux, en su columna del jueves, hace un llamado a la unión “para proteger lo andado y salir definitivamente de la violencia política armada”.

Afirma: “Un sentimiento de desilusión y desconfianza crece en el país, ante la ineficiencia para proteger la vida de los líderes, la corrupción pública y privada, los dineros ilegales en las campañas, el aumento de la coca, los retardos en las veredas de concentración de las Farc, los vacíos de control en los espacios que estas dejan(…). Ante esto, la oposición política del Centro Democrático clama que todos los males empezaron con esta administración, sin querer ver que Colombia es una de las economías mejor libradas en la desaceleración del crecimiento en todo el continente; y sin mirar que desde hace décadas somos uno de los países más impunes del mundo, más corruptos, más violentos, más inequitativos, más injustos en la concentración de la tierra y primer productor de cocaína. Y que salir de este sótano del mundo, como lo ha encarado el difícil e inacabado proceso de paz, nos obliga a llevar a cabo profundas transformaciones”.

El padre Pacho insiste en que, “a pesar de todo, allí están los logros, que son del proceso o que le son concomitantes, que llaman a no perder la confianza a quienes se han movido y comprometido con el mismo y llaman a la oposición a no perder la responsabilidad por el bien común en la pasión de la campaña. Tal es el símbolo de la reconciliación en la guerrillera que carga su bebé protegida por un soldado, la tranquilidad que ha regresado a la mayoría de los campos, la nueva confianza en la Procuraduría y la Fiscalía. Y, sobre todo, la toma de conciencia de las exigencias de la paz que tienen que ir hasta lograr el acuerdo con el ELN y sustituir los campos de coca por alimentos, y terminar con las bandas criminales y sus socios”.

Finalmente, Pacho De Roux advierte “el peligro de que por miedo o impaciencia ante las fragilidades y contradicciones institucionales, o simplemente por razones políticas, terminemos desbaratando lo caminado hacia la paz y destruyendo lo que se ha avanzado con tanto esfuerzo”.

Y eso sería lo más grave, los más triste y lo más imperdonable que pudiera sucedernos: que por las mezquindades y ambiciones de poder de los dirigentes de un partido y otro; por la necesidad de elevar el rating de los noticieros de radio y televisión; por el prurito de destruir los logros; por el cómodo hábito de mirar la paja en el ojo ajeno en vez de ver la viga en el propio; y por nuestra falta de claridad política como ciudadanos, la paz fracase porque, ante la desilusión por el incumplimiento de los acuerdos y el riesgo de que los maten, muchos de los excombatientes que soñaron con ella, acaben amparándose en la ilegalidad y sumándose a una Bacrim u otra, o conformando sus propios grupos ilegales. Eso equivaldría a retroceder 64 o 70 años, y a volver a una violencia más difícil de superar que la atroz de fines de los años 40 y comienzos de los 50, porque sería una violencia de todos contra todos, de sálvese quien pueda, sin jefes con quienes negociar una nueva paz y sin móviles distintos a la desesperanza y la frustración.

De modo que si no atendemos llamados a la unión como los del padre De Roux; o a al perdón, como el hecho esta semana por el excandidato Antanas Mockus, nos arriesgaríamos a perder esta oportunidad irrepetible de superar la barbarie.

Sigue en Twitter @patricialarasa

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