Columnistas

El reino de la incertidumbre

Febrero 13, 2017 - 02:50 p.m. Por: Pedro Medellín


Muy débil es la situación de un presidente que necesita que, ante una crisis, sus ministros salgan a firmar una carta de apoyo. Y más cuando sus aliados, los congresistas de la ‘Unidad Nacional’ se esconden para evitar salir en defensa pública de Santos, pero en privado mantienen la presión por dádivas y favores a cambio de sus votos de apoyo en el Congreso.

Es el reflejo de una realidad: Al presidente Santos, el país se le salió de las manos. No controla nada. En un momento en que las autoridades de los Estados Unidos sacan un poco de la mugre que se esconde bajo el tapete de los últimos gobiernos, al Jefe de Estado no se le ocurre nada distinto que hacer declaraciones grandilocuentes que antes que ayudarlo, terminan hundiéndolo en el descrédito popular. Y mientras los escándalos estallan, el gobierno cada vez se ve más incapaz de dar respuesta a una indignación ciudadana que crece y crece, por la corrupción generalizada.

Con algunas excepciones, los ministros deambulan por el país sin políticas definidas ni soluciones a los problemas. Unos porque andan dedicados de lleno a sus campañas de ‘pre-pre-candidatos’ presidenciales. Otros porque no logran controlar el aparato que manejan o ni siquiera pueden dar un orden específico a su sector. Y mientras los ciudadanos los califican con dureza, el Presidente deambula por el exterior recibiendo honores por haber logrado un proceso de paz que todavía no se consolida.

En el Congreso, senadores y representantes, aprueban a las carreras y sin hacer mucho ruido, las normas que implementan los acuerdos con las Farc, advertidos por los enormes costos políticos e institucionales que se van a tener que pagar con su aprobación. Y sin embargo siguen adelante. La necesidad que tienen por mantener el lubricante que les garantice su subsistencia, es superior a cualquier quiebra que pueda caerle al Estado colombiano. Solo unos pocos mantienen una ética de trabajo que los hace ver como extraterrestres en un mundo devorado por el monstruo de la corrupción.

El propio presidente Santos es el responsable de haber llegado a esa situación. No solo porque le entregó esos cargos a los jefes políticos que, -a su vez- los repartieron entre sus lugartenientes y electores, para que se paguen de allí las deudas electorales. También (y por sobre todo) porque con esa repartición, Santos consolidó en el poder a una clase política parásita y sin ideología, ni un proyecto político distinto de apropiarse de lo público para su beneficio particular.

Y lo peor es que los políticos no sólo no aprenden. Tampoco parecen entender lo que está sucediendo. Ya comenzamos a ver en los diarios, los movimientos de los senadores que aspiran a convertirse en presidentes; los representantes en senadores; los funcionarios de alcaldías y gobernaciones en representantes a cámara, en una cadena de nunca a acabar y donde no hacen otra cosa que repetirse los mismos nombres.

No escuchan las señales de alerta que a través de distintas encuestas están enviando los ciudadanos a los que gobiernan la nación o los territorios. Esto es, que la política y el poder de las instituciones, está amenazado por un golpe que los ciudadanos le van dar al establecimiento. Basta con ver las encuestas que han sido publicadas estos días. No tanto en la intención de voto para las próximas presidenciales, como en los capítulos de credibilidad en las instituciones. Allí se dibuja claramente la crisis política e institucional a la que ha llegado el país. Salvo las instituciones militares y de policía, y en alguna proporción la Defensoría del Pueblo, todas las demás tienen una imagen negativa.

Lo cierto es que el país no tiene un rumbo definido y reina la incertidumbre. Mientras eso sucede, cada quien está tratando de sacar provecho de su puesto en el gobierno, el Congreso o las Cortes. Claro, convencidos de que mantendrán sus feudos de poder. Pero nada está definido.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Hoy:
Publicidad
Publicidad