pedro medellin

Los azucareros tampoco se ayudan

Al presidente Santos le están cayendo rayos y centellas por estos días. Ya es frecuente ver en los medios que columnistas y expertos expresen el desagrado que produce la sensación de que su palabra vale poco. Y que su respeto a las instituciones, un poco menos.

Y la verdad es que no es muy grato ver que Santos dice que, en una conversación telefónica, el “presidente Trump le expresó su apoyo al proceso de paz con las Farc”, y luego la Casa Blanca emite un comunicado en el que afirma que los dos mandatarios “discutieron el tema”. Nunca habló de un apoyo.

Es mas, en su informe anual sobre la lucha contra las drogas, el Departamento de Estado atribuye gran responsabilidad de lo que llama “el dramático aumento” del área sembrada, por una parte, a la decisión gubernamental de reducir las operaciones de erradicación, “para disminuir posibles conflictos con los guerrilleros mientras avanzaban las conversaciones de paz”. Y por otra, a la acción deliberada de las Farc de haber “estimulado la producción de coca entre los campesinos”. Puestas así las cartas, ¿Estados Unidos apoyará el proceso de paz con las Farc?

Ahora, su ya famosa frase de que maneja el proceso de paz “como le da la gana”, se ha vuelto en su contra. El tratar de meter por la vía ‘fast track’ reformas constitucionales que le benefician políticamente, están llevando a durísimos cuestionamientos. Este fin de semana María Isabel Rueda en su columna de El Tiempo se pregunta: ¿A qué presidente serio y responsable se le ocurriría reformar la Constitución por ‘fast track’? ¿Y luego despojar al pueblo de soberanía constitucional durante tres gobiernos? Solo al de una república bananera. En eso ya va quien otrora fuera considerado un ‘estadista’.

Y en verdad, Santos no se ayuda. En un audio publicado por las 2orillas, el mandatario, en diálogo con el presidente de Nutresa, al analizar la competitividad de ese sector en Colombia planteó la necesidad de revisar el precio del azúcar. Y tratando de hacer un chiste, dijo que “ahora que nombramos al doctor Luis Fernando Londoño embajador en Argentina, nos va a quedar más fácil bajar el precio del azúcar, jeje” (http://www.las2orillas.co/audio-santos-alarmados-los-azucareros/)

Los azucareros deben estar muy preocupados porque, chiste o no, la afirmación de Santos no sólo revela hasta donde va el creciente poder que tiene la Presidencia de la República en el sector privado (y los medios -no institucionales- de los que dispone el Presidente para lograr cambios que quiera). También pone de presente su disposición a tomar medidas considerando el rendimiento político que le pueden producir, según con quien esté conversando.

Para el Presidente es evidente que tiene una mayor retribución política un acercamiento con el empresariado antioqueño, que se ha parado duro frente a su gobierno, que con el vallecaucano que no ha sido tan efectivo marcando distancias. Sobre todo ahora que se avecinan unas elecciones presidenciales tan reñidas.

Pero es que los azucareros tampoco se ayudan. Nombrar al ahijado de Santos, Juan Carlos Mira, como sucesor de Londoño Capurro, no es una buena señal de peso ni de poder gremial.

Para llegar a la cabeza de un gremio serio y fuerte, más que la cercanía al Presidente de la República, lo que debe primar es la experiencia y el peso político e institucional que pueda tener quien asuma la defensa de los intereses del sector al que va a representar. Hacer lo contrario, es mostrar debilidad y un cierto ánimo contemporizador con el gobierno que muy rápido se vendrá en contra. Porque el mentor, padrino e ídolo del joven Mira es el presidente Santos, no el gremio azucarero. Y cuando tenga que asumir una decisión de fondo, no es difícil prever cuál será el camino a seguir. La decisión de los azucareros ¿estará escrita en mármol?

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