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París era una fiesta

Me encontré en un bar del Chapinero bogotano con el muy afrancesado periodista de la W Radio, Juan Pablo Calvás, quien de entrada me dijo: “No hablemos de esos guaches de Odebrecht, hablemos de la Francia inmortal, la de las barricadas en el París mayo del 68”. Me gustó, es lo mío, y le  dije que María Elvira Bonilla, María Jimena Duzán, Patricia Lara, Liliane de Levy, Beatriz López, Sofy Arboleda y otras admiradoras de Francois Mitterand y de monsieur Holland, ellas, nostálgicas del París que aman, están tiritando de pánico porque en Francia, puede ganar esa derecha derechosa que ellas y yo no podemos ver ni en pintura. Ojo: puede ganar Marine Le Pen, de poco brillo intelectual pero con  ocho millones de votos.

En Francia la política está más revolcada que en Colombia porque a la izquierda, de tanto fracasar gobernando, le toca entregarle el poder a la derecha supercapitalista. ¿Por qué tiene tantos votos madame Le Pen? Se lo pregunté a mi amiga Martica Posada Lleras, llegando de París. Y me respondió: “Mucha gente en Francia está mamada de los refugiados, asiáticos, africanos, sudacas, argelinos, marroquíes, que son anarquistas y ensucian las calles”. Esa es la visión antipática de Marta, mi amiga derechizada.

Oh la la: ya no dicen como decía ese bohemio, gran amigo del whisky, Ernest Hemingway: “París es una fiesta”. Para mí no es una fiesta, es costosa, incómoda y llena de paquistaníes. Alfredo Rey, un caleño casi parisino, opinó: “Esos extranjeros  no saben hablar francés y joden mucho en la calle a los residentes preguntando dónde queda el hotel. A un francés que quiere ir a descansar le aburre eso”.

Bueno, alguien que conoce París, me decía que a los ancianos también les han cogido antipatía porque cuando cambian los semáforos caminan muy despacio y provocan trancones. Oh la la: No se preocupen por el caleño embajador de Colombia en Francia, Federico Renjifo Vélez, él tiene un conductor francés, un flamante carro negro oficial y, solo para los amigos caleños, tiene tres alcobas libres en la casa de la embajada para cuando pasen por la ciudad luz. Con ese anfitrión París sí es una fiesta.

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