ricardo villaveces

Jugando con candela

El pesimismo se puso de moda. Los titulares de prensa, la televisión y ni que decir de las redes sociales están plagadas de noticias e informaciones que de una u otra manera están marcadas por él. Nadie puede estar en desacuerdo con que son muchos los problemas y las razones tanto en lo doméstico como en lo internacional para preocuparse. No obstante, desconocer lo positivo y empeñarse por encontrar solo las fallas puede llevar a resultados muy poco deseables.

La reciente encuesta de Gallup pone de presente esta preocupante realidad pues con la excepción de la mejora en la aprobación a las Farc que sube del 5 % en abril de 2016 al 19% en febrero, todas las demás instituciones, personas, proyectos de ley, etc. muestran un aumento en la desaprobación y en el negativismo. Más lamentable aún es oír los comentarios de empresarios que registran buenos resultados en sus empresas y posibilidades interesantes de crecimiento, describiendo la situación como si estuviéramos al borde del caos. Para que hablar de los periodistas que solo encuentran en los desastres de todo tipo el material para su trabajo.

Y los líderes políticos, enfrascados en sus peleas, egos y envidias, están lejos de motivar a la gente con visiones constructivas y un futuro motivador para superar estos problemas como es el que debería tener un país como Colombia. ‘Sangre, sudor y lágrimas’ fue lo que ofreció Churchill a sus conciudadanos en uno de los momentos más oscuros de la historia de Inglaterra, pero fue capaz de transmitirles el valor de esos sacrificios para poder salir adelante. Hoy ni personas ni instituciones están logrando construir esos propósitos nacionales que tanta falta nos hacen.

Es indudable que, en gran medida, el pesimismo que se venía gestando por cuenta del fin del ‘boom’ económico del primer decenio originado en los altos precios de los ‘commodities’, se ha disparado como resultado del impacto que tienen los escándalos de corrupción que se destapan todos los días. Y, sin duda, es este un cáncer que golpea muy duro a la inmensa mayoría de los colombianos que trabajan honestamente y ven con desconcierto el resultado de la sinvergüencería de algunos de sus conciudadanos. Y es cierto que sin frenar este mal difícilmente será posible impulsar al país como debería ser. Por eso hay que mirar el lado positivo de lo que está ocurriendo, tener en cuenta que el ‘destape’ que se está produciendo y la acción de unos organismos de control que, con sus problemas, están haciendo mucho más de lo que se hizo en varios años, puede ser el comienzo de un camino hacia el progreso. Son muchos los sancionados hoy por corruptos.

Seguir mirando solo lo negativo y olvidar el papel de líderes de opinión y la responsabilidad asociada que muchos tienen, tanto en el sector público como en el privado y muy especialmente en el sector de las comunicaciones, solo nos llevará a la desinstitucionalización y a ponerle en bandeja el país a cualquier espontáneo que logre llegarle al pueblo con su retórica. De ahí a un Maduro hay una distancia muy corta.

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