santiago gamboa

Lecturas electorales

En estos días de sesuda e intensa reflexión política, han vuelto a mi memoria dos grandes novelas que hablan de procesos electorales, una en Estados Unidos y otra en Francia. La de Estados Unidos, además, coincide con la muerte reciente de su autor, que es nada menos que Philip Roth, uno de los más grandes novelistas de los siglos XX y XXI. La novela en cuestión se llama La conjura contra América, título mal traducido al español, por cierto, pues debería llamarse La conjura contra Estados Unidos, que nada tiene que ver el resto del continente en esa historia. Pero eso no es culpa de Roth, así que vamos al argumento: al inicio de la Segunda Guerra Mundial, en las elecciones presidenciales de 1940, los candidatos son el presidente en curso Franklin Delano Roosevelt, por el partido demócrata, y Charles Lindbergh, el célebre aviador, por el partido republicano, simpatizante de las ideas de Hitler, amigo de varios jerarcas nazis y premiado con algunas medallas por el Tercer Reich. La política de Lindbergh, que era abiertamente antisemita, consistía en mantener a Estados Unidos por fuera de la guerra, pues consideraba que esta sólo iba a favorecer, en su país, a un 3% de la población de origen judío. Según Lindbergh, para el resto sería trágico, opinión que difundió a través del comité antisemita y de ultraderecha América Primero, tan actual, por cierto, con los discursos de Trump.

La historia real no fue así, claro, pues Lindbergh no fue candidato ni mucho menos llegó a ser presidente, pero todo lo otro, su antisemitismo y su militancia hitleriana, sí fue verdad; el ejercicio literario de Roth consiste en imaginar qué hubiera pasado si… Y se centra en un argumento que tiene validez en las cuatro esquinas del mundo, y es el miedo. En el caso de su novela, el miedo a entrar en guerra con Alemania, a una guerra mundial de consecuencias terribles. Es el miedo el que hace que el electorado prefiera votar por Lindbergh, quien convierte -en la novela- a Estados Unidos en un campo de concentración antisemita y un aliado acrítico del Tercer Reich.

El otro caso es un ejercicio más bien futurista. Lo hizo Michel Houellebecq, novelista e intelectual francés famoso por el modo en que vapulea a sus lectores en cada libro. En su última novela, publicada en 2015, Sumisión, imaginó una Francia electoral hacia el año dos mil veintipico en la que la única alternativa viable acaba siendo la alianza entre la Hermandad Musulmana de Francia y el Partido Socialista, para enfrentar en las urnas a la ultraderecha católica del Frente Nacional. Los islamo gauchistes, como los llama Houellebecq, abrirían así una puerta hace tiempo clausurada por el laicismo y la concepción republicana del Estado, para combatir al fantasma de la ultraderecha, lo cual lleva al país a la conversión al Islam. Otra vez el miedo, llevando a situaciones incómodas y no previstas.

Ninguno de estos dos casos se parece al nuestro, claro, pero no está de más recordarlos para intentar desenredar la mente. O para comprender que, así sea por las vías de la ficción, no sólo en Colombia hay extravagancia, zozobra y miedo. Pero la literatura -y ahora pienso en Víctor Hugo- también nos recuerda que es justo en esos momentos contradictorios y opacos en los que, con frecuencia, se dan los necesarios cambios.

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