víctor diusabá rojas

Ciencia e ingenio

Tres náufragos en una isla desierta tienen nada más que una lata de conservas. Deciden entonces aplicar cada uno sus conocimientos para ver cómo abrirla.

* El químico: “Si tenemos en cuenta el proceso de oxidación tal vez consigamos que se debilite la lata y podremos abrirla…”

* El físico: “Podríamos aplicar una fuerza, que seguramente rompería la lata…”

* El economista: “Supongamos que tenemos un abrelatas. En ese caso…”

Parece un chiste; de hecho, pretende serlo. Está puesto en el portal de una universidad europea y su intención no es otra que clamar por colaboraciones de ese tipo para que los profesores tengan un modelo de material pedagógico que suele funcionar, el humor.

Ahora que ha muerto Stephen Hawking y uno escucha y lee testimonios de quienes lo conocieron, hay más razones para relacionar naturalidad e ingenio. Porque aunque bien podría destinarse este espacio a esa deuda impagable que tenemos con él y a la admiración para la que no hay palabras, es preferible más bien detenerse en otras miradas sobre esos genios que son capaces de cambiar el curso de la humanidad.

Para comenzar, la forma como miran la vida sin complejos, mientras se anticipan a los demás mortales con esa visión extraordinaria de las cosas que los hace únicos.

Dice un periodista que Hawking fue un físico como cualquier otro. Quizás sí. De pronto, como esas mismos científicos que a lo largo de la historia se han despojado de la estatura de sabios que otros les adjudican para hacer que sus obras logren trascender. Pasó con Galileo cuando encontró en las manchas solares cambiantes un argumento más para demostrar que la tierra no era el centro del universo y los publicó en un ‘idioma vulgar’, el italiano, y no en el latín al que solo tenían alcance las élites.

Y es ese espíritu crítico otro de los aspectos que confluyen en el perfil de aquellos extraños tan humanos. Galilei logró abrirnos los ojos a la inmensidad de un nuevo mundo de la misma forma como Albert Einstein supo descifrar la verdadera relación entre gravedad y aceleración. No sin dejar ambos de pagar el precio a la incorrección política que significaban, antes que sus descubrimientos, sus voces contracorriente. Contra la Inquisición, el primero; y frente al nazismo, el segundo. De alguna manera, a Hawking le tocó su parte cuando puso el dedo en la llaga en la infinita incapacidad de los sistemas de salud en el mundo.

Pero, para volver al principio, todos buscaron sobreaguar los momentos difíciles con constancia y, no menos, con la chispa del ingenio. Algunos, porque la traían puesta desde la cuna como cuando al niño Albert Einstein le dijeron que acababa de llegar un nuevo juguete a casa, su hermana recién nacida, y él preguntó que si eso era cierto no le encontraba las ruedas por ninguna parte. O ya mayores, y en medio de agudos debates, tal cual le pasó a Galileo cuando argumentó ante sus contradictores que si la respuesta a todas las preguntas estaba en los libros de Aristóteles resultaba más barato recurrir al alfabeto. O la vez que Hawking halló que si uno monta en un avión y el aparato da vueltas en torno a la tierra en determinado sentido, se alarga la existencia porque ganamos unos segundos más de vida… Los mismos segundos, agregó, que uno devuelve enseguida por cuenta de haber consumido comida de avión.


Sobrero:

Como quedó comprobado el sábado pasado, la cita anual de ‘Evocación’ en el municipio de San Pedro es uno de los grandes lujos que los amantes a la música pueden darse en el Valle del Cauca y en Colombia. ¿No sería bueno proyectar esa imagen tan positiva de la región a todo el país y al mundo gracias a la televisión regional?

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo




Powered by