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El ‘Bronx’ de las tribunas

Marzo 12, 2017 - 11:55 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Lo dicho, si no se toman medidas urgentes sobre la seguridad en algunos de los estadios del país y sus alrededores, vamos camino a algo más grave de lo que ya estamos lamentando: estos fortines de la delincuencia ‘barrabravera’ en los que el Estado juega bien su papel de convidado de piedra.

¿Pueden ser los estadios y sus zonas de acceso lugares en los no existe el imperio de la ley? ¿Desde cuándo y a título de qué, grupos de malhechores establecen retenes, dentro y fuera de esos escenarios, para exigir cédulas a ciudadanos que han decidido asistir a un espectáculo público?

¿Con qué derecho lo hacen? ¿Con la fuerza de la intimidación de los puñales que exhiben y el aliento de las sustancias que consumen?
¿Cómo es que obligan a la gente a marcharse por haber nacido en otro lugar o por llevar un color de camiseta que no es el de sus afectos?

Solo nos faltaba esto en Colombia: ‘repúblicas independientes’ en la Quinta de Cali; en la 57 Y 53 de Bogotá; por los lados del ‘Atanasio’, en Medellín; o en inmediaciones del Metropolitano, en Barranquilla. Además, en Ibagué y en otras ciudades. Y sin que le importe a nadie, como dijo Gerardo Quintero en su columna de la semana pasada.

¿Y es verdad, además, que aquí, como pasa en los zonas adyacentes a los estadios de Buenos Aires, el control de calles convertidas en parqueaderos públicos está en manos de este tipo de bandas? ¿Y dizque con eso se financian para andar país arriba país abajo, saqueando paradores y metiendo miedo en las carreteras, aparte de las extorsiones con que, se dice, vacunan a gente del fútbol? ¿Y ahora, ‘alas armadas’ que sacan técnicos?

Eso sin hablar de los efectos de sus acciones sobre quienes tienen la mala suerte de vivir en barrios que colindan con esos sitios. ¿Quién responde por la devaluación en casas, apartamentos y, negocios que están en los alrededores de esos escenarios deportivos? Damnificados invisibles que no pueden hacer otra cosa que esconderse para salvaguardar su integridad y la de los suyos.

Señores, para comenzar, esto se arregla con ejercicio de autoridad, en vista de que los acuerdos de fútbol en paz han servido de tan poco. Porque lo único que se ha conseguido es beneficios, de un lado, y falsas promesas, del otro. Luego, los mismos de siempre salen a lo que les gusta: agredir todo lo que les parece que no se les parece.

Ahora bien, uno sabe que no son todos. Entonces, muchachos, son ustedes mismos, los llamados a separar la paja del trigo. Todo aquello que sea droga, pillaje y matonería, hasta luego. Mejor dicho: si te he visto, no me acuerdo. Está claro que esos tipos no son hinchas. ¿Hinchas de qué? Les hacen daño a ustedes (que son las primeras víctimas, ¿o acaso no los han robado, intimidado, arrinconado?), al equipo que aman, a la ciudad que tanto quieren.

Es por eso mismo, porque no son el fútbol ni lo representan, que no les vamos a dar gusto de que cierren los estadios. La gente de las barras debe aislarlos y las autoridades identificarlos y judicializarlos.

Con autoridad y solidaridad hay que darle vuelta a esto. Gobierno nacional, alcaldes, Fiscalía y Policía Nacional deben cumplir con el mandato constitucional de garantizar los derechos de los verdaderos hinchas y los de quienes habitan en esas zonas de las ciudades.
El ‘Bronx’ de las tribunas debe ser cosa del pasado. Vamos, muchachos, a vivir el fútbol. No más, a matar el fútbol.

Sobrero: Se equivocan quienes creen que el periodismo se deja amedrentar con acciones criminales como la que ejecutaron días atrás contra un equipo de reporteros de El País, para el que va mi solidaridad, junto a esta casa editorial.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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