víctor diusabá rojas

Farc y verdad

A lo largo de la construcción de los acuerdos de paz en La Habana y en todos los momentos sucesivos a él, las Farc han sabido, y deben seguir sabiendo, que la verdad es piedra fundamental del proceso. Más allá de que ellas mismas reclamen verdades a otros sectores de la sociedad colombiana.

Sus jefes firmaron en torno a ella ante el país y el mundo, y eso no se puede burlar. Así se comprometieron. Y además, porque si como movimiento político quieren tener algún espacio en la vida nacional, la verdad es el único motor posible para que sus iniciativas prosperen o, al menos, se debatan. Con un solo requisito: que no vayan en contravía de la Constitución.

Lo que las nuevas Farc deben entender de una vez por todas es que ya habitan en el terreno del Estado al que antes combatieron. Hoy, como todos los colombianos, pueden entrar a controvertir (e incluso pueden intentar cambiarlo, en las urnas claro está), pero sin dejar de acatar a sus autoridades y a las instituciones que ellas representan.

Por eso sorprende que algunos de sus dirigentes sigan empeñados en hablar en el viejo tono de la confrontación armada y de acuerdo a donde les salga el sol. Flaco favor le hacen así a un proceso que no está cerrado del todo; de hecho, sigue en etapa de maduración que es la implementación. Un proceso por el que apostamos muchos, de buena fe.

Señores exguerrilleros, este es un Estado imperfecto, construido además a lo largo de casi 200 años de más errores que aciertos. Pero esa institucionalidad en obra gris es lo único que tenemos y con lo que nos acostamos y nos levantamos a diario. Es con ese mismo Estado que millones nos hemos movido, pacíficamente y no exentos de dificultades, a lo largo de los mismos 50 años largos en que ustedes se dedicaron a buscar el poder a sangre y fuego, para entender, luego de tanto tiempo, que estaban equivocados de camino.

Todas estas obviedades tienen una razón de ser en estos momentos: la verdad como necesidad y razón de ser. En el caso ‘Santrich’, y en otros casos. Esa verdad la debe buscar la Justicia y nadie más que ella, en el nombre de la Fiscalía General de la Nación. Tratar de descalificar esa instancia o al Fiscal General, o remitir un hecho de tal gravedad a intromisión gringa en nuestros asuntos, demuestra lo dicho arriba: ustedes aún no terminan de entender esta nueva realidad, el techo bajo el que han aceptado venirse a vivir.

Dejen entonces que prosperen las investigaciones sobre narcotráfico y demás. Y si no ven respeto al debido proceso, quéjense, con argumentos. Pero si las evidencias apuntan a donde hoy apuntan, sigan un viejo consejo: cuando los amigos (Santrich, y los que sean) se equivocan, uno los acompaña hasta el borde de la tumba, no se entierra con ellos.
Y otra verdad urgente: la que debe haber sobre ‘Guacho’. Díganle a este país que no andan ustedes dispuestos a ser simples observadores de su proceder criminal y miserable, no solo contra los inmolados colegas Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, sino contra miles de personas a las que ese frente ha atropellado durante años en la frontera con Ecuador. Saben ustedes que las guerras no se ganan a tiros sino con información. Ayuden a dar con ese asesino y sus secuaces. ‘Guacho’ debe pagar ya mismo por lo que ha venido haciendo, antes de que siga socavando este proceso que tiene un solo capital, la verdad.

Sobrero.Los resultados del Censo Nacional serán herramienta fundamental para, entre otros, trazar políticas públicas que ayuden a transformar el país en los años por venir. Por eso es absurdo que se busque el desprestigio de un trabajo científico como ese y se trivialicen sus alcances. La etapa siguiente, tras la primera tarea digital que dejó notable participación, es el casa a casa. Todos tenemos la palabra y, no menos, la responsabilidad de colaborar.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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