Editorial

A cuidar la mermelada

Marzo 08, 2017 - 11:00 p.m. Por: Editorial .

La destinación de los recursos de las regalías pasa de un extremo a otro en Colombia. O se dispersan en proyectos que no cumplen la misión para la cual se creó ese mecanismo, o son amenazadas por la voracidad del centralismo bogotano por manejarlas a su antojo.

Los ejemplos de lo primero abundan en Municipios y Departamentos, incluido el Valle del Cauca. Ahí están el Megacolegio y el Acuaparque de Buenaventura que van camino a convertirse en elefantes blancos o el Parque Lineal de Calima Darién que sin haberse inaugurado ya adolece el abandono, a pesar de que está al 98% de su construcción.

Y si hay una inquietud mayúscula sobre el destino de las regalías, esa es la que se refiere a los recursos girados y por girar para proyectos de ciencia, innovación y tecnología. Buena parte de los dineros que debían destinarse para apoyar el desarrollo del potencial humano para no quedarse aún más rezagados en una era en que es innegable la velocidad de los avances científicos, se ha ido a proyectos con poca o ninguna importancia.

Entre el 2012 y el 2016 las regiones invirtieron $2,29 billones de los recursos destinados a la investigación o al desarrollo científico y tecnológico. Son contados los que han demostrado un impacto real sobre algunos de los asuntos que más debería interesar a Colombia porque son sinónimo de progreso. La mayoría de los 277 proyectos en marcha nada tienen que ver con la ciencia y carecen de la envergadura para producir la transformación que se espera. A cambio muchos de ellos sí han servido para hacer clientelismo, como lo señalan los seguimientos de la Contraloría General de la Nación.

Esa misma preocupación la hay con los $2,6 billones listos para invertir entre el 2017 y 2018. ¿Vale la pena seguir entregando esos recursos para que se vayan a asuntos diferentes a los que tenían inicialmente como fin? ¿Se permitirá que sigan manejándose de forma “vergonzosa, miope y torpe” como lo definen asociaciones científicas del país? Frente a ese panorama no debe extrañar que ahora la Nación quiera usar al menos $1 billón de esos dineros para la construcción de infraestructura vial.

El otro extremo es la propuesta que haría el Gobierno Nacional para cambiar el destino al 7% del total de las regalías y utilizarlo en las inversiones que demanda el posconflicto. El manejo de esos recursos lo tendría la Alta Consejería para la Paz, es decir que volverían los viejos tiempos en los que desde Bogotá se decide cuánto, cómo y qué se les da a las regiones.

Es el regreso al centralismo al que se le quiso poner fin repartiendo de forma equitativa entre los departamentos y municipios, la ‘mermelada’ de las regalías. Los casos de manejo errado de esos dineros son muchos, y es evidente que una parte importante ha servido para hacer clientelismo y politiquería o que han incentivado la corrupción.

Sobre ellos deben estar los organismos de control. Pero tienen razón los gobernadores: volver a que sea el Gobierno Central el que decida por las regiones, sin que se garantice que se hará justicia, sería retroceder en el tiempo con el desequilibrio que produce en el desarrollo de Colombia.

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