editorial

Agua para el futuro

La preocupación que se le despierta al mundo cada 22 de marzo por la escasez de agua que sufrirá el Planeta en una década, se solucionaría con una inversión anual de dos dólares por persona. ¿Habrá voluntad para evitar el mayor problema al que se enfrenta la humanidad?

El miércoles se celebró el Día Internacional del Agua, fecha en la que se recuerda cómo han disminuido las reservas del líquido, el daño que se ha causado a las cuencas de los ríos o los efectos de la contaminación que está acabando con ellos. Esos campanazos de alerta que se dan cada año hacen que la fecha sea importante, aunque será aún más relevante cuando los informes hablen de las acciones para recuperarlos y de sus resultados.

Recientes estudios adelantados en 4.000 ciudades de los cinco continentes, muestran cómo el 40% de las zonas donde se encuentran las cuencas hidrográficas que abastecen de agua a sus habitantes, presentan un deterioro alto. La preocupación es mayor para un país como Colombia, privilegiado en ese recurso natural, donde el daño llega al 70% en el caso de los ríos Cauca y el Magdalena con sus afluentes, o al 90% en regiones como la Costa Caribe.

Cuando se calculó que la población mundial llegaría a 8.500 millones de personas en el año 2030, 1.200 millones más de las que habitan hoy la Tierra, dos frentes de vida comenzaron a inquietar: si habría comida suficiente para alimentar a tanta gente y si se podría proveer la cantidad de agua que necesitan para su consumo. En ambos casos la respuesta ha sido negativa y no ha cambiado pese a los avisos que se han dado.

Dentro de 13 años la demanda de agua superará en un 40% a la oferta.
Eso quiere decir que de cada diez personas, cuatro no tendrán acceso a ese recurso, una de las cuales será un niño. Un planeta con sed se puede convertir en campo de batalla, entonces la pesadilla de guerras producidas por la escasez del líquido más preciado, se harán realidad. Lo lógico es evitar que la humanidad llegue a tales extremos.

La solución comienza por invertir al año esos dos dólares, menos de seis mil pesos por persona para detener el daño ambiental que afecta a las fuentes hídricas, recuperarlas y garantizar su conservación. Según el Banco Interamericano de Desarrollo y la organización The Natural Conservancy, líderes del más reciente estudio sobre la situación del agua, se necesitan US$ 42.000 millones adicionales para reducir en un 90% la contaminación de los ríos y en un 10% su sedimentación, con lo cual se abastecería adicionalmente a 1.400 millones de personas.

Por supuesto esa no es la única salida ni el beneficio exclusivo será calmar la sed del mundo. Si hay acceso al agua la salud pública mejorará, habrá mayor captura de gases como el dióxido de carbono, disminuirá el impacto del cambio climático y se evitará un conflicto mundial. Como uno de los países con mayor riqueza hídrica, Colombia tiene en esos objetivos un papel preponderante que debe asumir con responsabilidad, con políticas ambientales coherentes y destinando los recursos que requiere la inversión que más réditos le entregará a futuro.

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