editorial

Contra el acoso

El acoso sexual en los ámbitos laborales es un secreto a voces, pocas veces tomado en serio y en muchas oportunidades descalificado. El escándalo revelado por el periódico The New York Times, en el que se denuncia cómo Harvey Weinstein, el productor de Hollywood, exigía favores sexuales a las actrices para llevarlas al pináculo de la fama, desató la indignación mundial y aún no termina.

Esta denuncia se convirtió en el detonante contra una larga ley universal del silencio que ha cobijado estos casos de abusos de jerarquía y poder. Por cuenta de estas revelaciones, la cascada de denuncias en el mundo artístico no ha sido menor. Víctimas de prominentes actores y directores de cine, intocables en el mundillo que los rodea, han logrado eco en sus revelaciones porque el mundo es menos tolerante frente a esas prácticas.

La protesta sobrepasó ya el ámbito de espectáculo. Esta semana, el exsecretario de Defensa de Inglaterra se vio obligado a renunciar por un incidente inapropiado con Andrea Leadsom, portavoz parlamentaria, ocurrido hace seis años. Y dos diputados fueron acusados por hechos que enlodan la política británica.

En Estados Unidos, hace unos meses se reveló el caso del famoso presentador de Fox News, Bill O’Reilly, rey de las noticias de la televisión por cable en este país, a quien al menos cinco mujeres lo denunciaron por acoso sexual. Lo cuestionable fue que aun así el medio de comunicación lo sostuvo en su cargo por los miles de dólares que su presencia reportaba entre los anunciantes que desconocían las prácticas del periodista.

Basta decir que O’ Reilly es quizás el rostro más popular del movimiento conservador y populista que llevó al poder al presidente Donald Trump, que incluso salió en su defensa cuando se destapó el escándalo. Precisamente por su estatus de ‘vaca sagrada’ su salida de Fox, precipitada más por la presión social que por una decisión de convencimiento en la cadena, se convirtió en un gran triunfo en esta lucha contra el acoso sexual en los lugares de trabajo.

Pese a todo, la batalla aún se encuentra lejos de ganarse y el camino está lleno de obstáculos. No hay que desconocer el impacto que tuvo en las redes sociales la campaña contra el acoso sexual, en la que millones de mujeres y hombres expresaron su rechazo a esta práctica, pero la indignación no se puede quedar solo en eso. De allí que se hace necesario que en las leyes de países como los de este lado del mundo, tan proclives a desdeñar estas denuncias, las sanciones no se queden en una simple ‘tendencia’ de Twitter sino que sean efectivas y ejemplarizantes.

Luego de las valerosas denuncias de las víctimas, es indispensable una reflexión colectiva. Mucho de lo que hoy se está conociendo obedece a patrones que han sobrevivido y se han repetido a lo largo del tiempo, convirtiéndose en costumbres despreciables. En buena hora se ha desatado el rechazo y la indignación contra ellas.

Es el momento de crear los escenarios para que la Justicia actúe y para que las personas que fueron objeto del acoso tengan tranquilidad y se les restablezcan sus derechos.

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