Editorial

Cuidemos las Tres Cruces

Marzo 05, 2017 - 07:00 a.m. Por: Editorial .

Si algo identifica a Cali son sus cerros tutelares, que además ofrecen posibilidades sin límite de recreación, deporte y un turismo sano y disponible para todo el mundo. Por eso hay que cuidarlos como algo que pertenece a las entrañas de una ciudad amante de la naturaleza.

Las Tres Cruces son parte importante y protagonistas permanentes de esa imagen que de su ciudad tienen los caleños. Además, los visitantes siempre se llevan el recuerdo de un cerro sobre el cual se recuesta una urbe que tiene en él un pulmón imprescindible y un punto de referencia inolvidable.

Sin embargo, las circunstancias que rodean a ese hito geográfico, histórico y turístico, no son las mejores. El deterioro que muestra su entorno desde el punto de vista ecológico ha sido una constante preocupación. La erosión causada por incendios frecuentes y explotaciones mineras mal ejecutadas, el uso de la cima para instalar miles de antenas de comunicación, así como el crecimiento de invasiones que no parecen tener fin, son algunos de los grandes peligros que amenazan a lo que debiera ser una reserva natural.

De otra parte, y como lo registra el informe que se publica en esta edición, los deportistas que en gran número transitan a diario por sus senderos dan testimonio de las bondades que ofrece el cerro de las Tres Cruces. Además del contacto con la naturaleza, la posibilidad de caminar o de hacer ejercicio, los miles de visitantes encuentran con frecuencia la amenaza de la inseguridad. Sus testimonios hablan de los atracos que sufren, en tanto que la Policía Metropolitana hace esfuerzos por acabar con esa amenaza.

La historia de las Tres Cruces está llena de intentos realizados por las Administraciones Municipales para reforestarlo y detener la erosión, de planes para impedir el crecimiento de las invasiones que destruyen su entorno y de intentos por darle seguridad y un orden que permita la convivencia entre la recreación y el deporte, y la necesidad de preservar su ecología. Sin embargo, la falla parece estar en la falta de continuidad en las medidas que se toman.

Hoy, no parece quedar duda sobre la necesidad de darle una característica adicional a esas disposiciones. Es la posibilidad de promover algún tipo de entidad que coordine todos los esfuerzos públicos y privados que permitan darle un norte a las Tres Cruces. Como sucede en muchas ciudades del mundo, la seguridad, la resforestación, la construcción de senderos adecuados y de estructuras que acaben con el desorden generado por las antenas son desafíos que pueden resolverse si se tiene un doliente con la capacidad de ejercer el control necesario para cuidarlo.

El Cerro de las Tres Cruces es un patrimonio público, además de la imagen de la capital del Valle. Su conservación, que empieza por evitar las invasiones, por acabar con la minería que lo amenaza y los frecuentes incendios que lo erosionan, debe ser completada con las medidas necesarias para garantizar la seguridad de sus visitantes y ofrecerles una infraestructura adecuada. Ese es el desafío para Cali y sus habitantes que ven en él una razón de identidad.

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